Pocas cosas hay que movilizan tanto como nuestro cuerpo. Porque si cuando fuimos muy chiquit@s nos acariciarion bien el pelo, entonces será el pelo lo que nos gustará que nos acaricien de grandes. Vamos creciendo y aprendiendo y aprehendiendo el cuerpo, comenzamos a sentir vértigo por los bordes y hay rincones que empiezan a gustar más que otros porque han sido mejor tratados. Eso es aquello que se llama memoria física: no recuerdo todo el amor y las perturbaciones que sufrí, pero lo siento en el cuerpo.
Todos los cuerpos fueron, son y serán hasta el fin del patriarcado violentados o perturbados, algunos más que otros. De eso se trata no querer mostrar algunas partes, no querer sentir el tacto y juicios de valor ajenos.
Abuso recibimos cuando se mira, se toca, se pega, se viola, se habla y no quiero, cuando se dice qué hacer y cómo con mi cuerpo: que esta pierna allá y esta mano acá, que estos ojos los cerrás y que esta boca la abrís sólo para decir tal cosa. Ahora tenés hij@s, ahora no, ahora vas para ahí pero te vestís de esta manera, o no, pero bancatela en la calle.
En la adolescencia, el cuerpo suele presionar para que se haga con él lo que él quiere que se haga. Y a veces pasa algo feo, cuando el maltrato llega a un punto del que es muy difícil volver (pero se vuelve), nuestro cuerpo termina ofreciéndose enérgicamente como eso que le enseñaron a ser quienes más y peor lo recorrieron.
Ahora bien, si de algo estoy segura es de que este cuerpo, con traumas como todos los cuerpos, con lugares que fueron maltratados y -espero- aprenderé a liberar de a poco cuando alguien los cuide más de lo que sufrieron, con lugares que fueron recorridos con mucho amor, que ofrezco a quien quiero hasta donde quiero y que sé cómo cuidar en otros cuerpos: si de algo estoy segura es de que este cuerpo, carajo, es mío.
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martes, 27 de septiembre de 2011
domingo, 23 de mayo de 2010
Mayo 25, 2010

Soledad sobre ruinas, sangre en el trigo,
rojo y amarillo, manantial del veneno,
escudo heridas, cinco siglos igual.
Libertad sin galope, banderas rotas,
soberbia y mentiras, medallas de oro y plata
contra esperanza, cinco siglos igual.
En esta parte de la tierra, la historia se cayó
como se caen las piedras, aún las que tocan el cielo
o están cerca del sol, o están cerca del sol.
Desamor, desencuentro, perdón y olvido,
cuerpo con mineral, pueblos trabajadores,
infancias pobres, cinco siglos igual.
Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada.
Dios no alcanzo a llorar, sueño largo del mal,
hijos de nadie, cinco siglos igual.
Muerte contra la vida, gloria de un pueblo
desaparecido, es comienzo, es final,
leyenda perdida, cinco siglos igual.
En esta parte de la tierra, la historia se cayó
como se caen las piedras, aún las que tocan el cielo,
o están cerca del sol, o están cerca del sol.
Es tinieblas con flores, revoluciones,
y aunque muchos no estan, nunca nadie penso
besarte los pies, cinco siglos igual.
jueves, 1 de abril de 2010
El sistema
que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empeado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
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