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lunes, 16 de enero de 2012

de cambios verdaderos y otras cuestiones

Otra vez me encuentro escribiendo un textito... Estuve recordando los primerísimos tiempos en estas semanas. A comienzos de 2009, cuando hacíamos una actividad por mes. Cuando cada vez que pasaba era desgarrador para la familia. Porque era reciente.

Estuve recordando la impronta de las actividades. Al principio eran casi súplicas, eran tristes, dolorosísimas, desesperadas: había esperanzas. Más adelante empezaron a ser embroncadas, escrachantes, de lucha y acción directa: queríamos cualquier tipo de justicia ya, porque caímos en la cuenta de que Luciano no iba a estar.

Fuimos procesando el dolor, si algo es bueno es que somos muy compañerxs y nos queremos con el alma. Las actividades empezaron a ser felices, empezamos a saber que Luciano está muy cerquita. Algo de todo que no me deja de sorprender es lo valioso que es este grupo. Me encantaría nombrar uno por uno, pero me van a putear. Las cosas que han resignado para acompañar a Vanesa, son lo que se dice incondicionales: la cuidan, la retan, la pelean, la quieren con el alma, a su manera, todos de distinta forma.

La dinámica de la lucha hace que una no tome real dimensión del tiempo, incluso que a veces no pueda disfrutarlo como debería. Pero tomarse un minuto y mirar para atrás... pasó mucho. Reuniones cargadísimas de gente, peleas, gritos, risas, cariños. Dibujar toda la reunión con la hija de la compañera y no escuchar nada y por ende no mandar después el informe al que me comprometí, jaja. Si hablamos de la policía o la maldita policía. Si decimos de Scioli solo o Scioli y Kirchner. Si esto o aquello interpela más a la famosa Doña Rosa. Si hay correlación de fuerzas para encarar esa medida. Si hay posibilidades de represión. Si aportan las organizaciones para los volantes. Si articulamos con tal o cual. Si amenazan a los compañeros nos reunimos de urgencia... cuántas roscas. Si habré aprendido con esa bendita coordinadora.

Los 3 años caen como un baldazo de agua helada. Este fin de año lloré como loca, cosa rara de verdad. Hay muchos sentimientos encontrados en el aire, muchas cosas nuevas, tristes, raras, qué balance.

Mi mamá ama a Borges y siempre me cuenta que él relata en las vidas de sus personajes un instante, un solo momento, en que ellos comprenden el sentido de sus vidas, descubren quiénes son, para qué y con quiénes más. Yo estoy convencida, todo lo que me pasó después de Luciano siento que es un emergente del día en que supe de su existencia. Sí, es un poquito fuerte, ya sé.


Si quieres cambio verdadero... pues, camina distinto.

martes, 25 de octubre de 2011

De amores

Días como este, una siente muy adentro, en la piel, en el alma, en la panza, un amor muy grande. Que sin dudas supera ampliamente lo que podamos entender con palabras. Por esto que vaya una a saber quién merece el mérito de haberle dado la oportunidad de hacer. Por ver en los ojos de las personas las ganas de concretar esto o aquello en pos de esto otro o aquello otro. Pero más aún, siento amor por lo mucho que me conmueven los ojos de una parte importante de quienes me rodean. No tengo dudas: es buen signo. Hay presente, en mi aire, un amor inconmensurable por los y las jóvenes de esta tierra.

Jóvenes que sufren todos los días los golpazos de este sistema desigual por definición. Jóvenes que cargan con mochilas inimaginables, que tienen hambre y eso es lo menos grave. Pero, por prejuicio será, una nunca jamás se hubiera pensado a sí misma capaz de recibir tanto de ellxs, ni los hubiese pensado a ellxs capaces de ofrecer tanto. Si no, más bien, lo hubiera pensado al revés, gravísimo error... No se mide, no se pesa, no se ve, pero nos regalan cosas que se sienten muy adentro y muy afuera, a flor de piel.

Será que las corridas, los momento burocráticos, la estructuración y sistematización de todo y sobre todo la institucionalización son factores que, entre otros roles, cumplen el de herramientas de la hegemonía para endurecernos todos los días un poco, y sí, nos endurecen. Pero no hay dureza que resista esto de que hablo. En gestos, cartas, comentarios, en disposiciones físicas, en los ojos del otro y la otra podemos conmovernos hasta las lágrimas, basta permitírnoslo (si usted es medio denso con eso de demostrar el cariño, como yo, verá que ni permiso se pide).

Y la cosa tiene que ser necesariamente así, hay cuervos al acecho y si una no absorve todo eso cual esponja, tarde o temprano la termina pifiando. Yo sufro muchos dolores que no me pertenecen, pero tengo esa cualidad; me permito conmoverme y sorprenderme hasta la médula con mis compañerxs, porque entiendo que la mejor y única forma de hacer las cosas, es con ellxs...

Así una se la banca con mucha pasión, sin padecer, sin endurecerse más de lo estrictamente necesario, sin colapsar, nada más simple: hay que conmoverse a cada paso, con las miradas que valen la pena.

miércoles, 19 de octubre de 2011

No duele menos, duele más

Muy poquitas cosas supe de Mariano en un año... que había ido a alguna actividad por Luciano, que estudiaba en Avellaneda, que ya luchaba en 2001, que era del PO, no sé si mucho más... que le gustaba el cine y amaba luchar por conquistar ese horizonte del que hablamos, muchxs dan testimonio de lo último con conocimiento de causa.

Se lo dije a una compañera, la fotografía de Mariano se convirtió en un símbolo que no es poca cosa ni lugar común en mí, se convirtió en un pilar de mi lucha. Por la fortaleza que transmite, la sonrisa segura, la conmoción de la mirada, la espontaneidad de la imagen, ¿no? Está como dándose vuelta para seguir con su cántico. Está como pendiente de todo... Sobre todas las cosas es pilar de mi lucha, por la suya.

Mariano es para mi uno de lxs primerxs que viene a reafirmarme aquí y ahora sin conocerme ni conocerlo, alguien de quien supe ya movilizada, ya luchando, ya sabiendo que amo este lugar como a nada en el mundo, estaba en el camino y cayó un compañero, que dolor, cuántas cosas entendí, cuántas empezaron a pesar el doble...

Eso no sólo da cuenta de mi edad, sino también de quién fue él... entendí mejor que nunca lo que vane uno/una entre todxs, y cuánto debe valer para no ser olvidadx... pero más aún, que lo valoran como se mereció y se merece.

Vi en mis compañeros y compañeras el dolor de la gran pérdida que significó Mariano, me solidarizo con ellxs y empiezo a sentirlo en carne propia, cada día más cerca, cada día más profundo, más movilizado, más en la calle.

Y una de las cosas que en principio pensé como contradicción, lo entendí porque lo siento: pasa el tiempo y no duele menos, sino más. No es contradicción, claro, son las vueltas del amor por alguien, o por algo. En mi caso, el amor que le tengo por haberme dejado huella y la bronca que da que en otrxs nadie haya dejado ninguna.

Mariano es recordado, y todo esto es mérito suyo... qué solidario habrás sido, compañero, qué valentía la tuya, qué pasión transmitís...

MARIANO FERREYRA VIVE EN CADA COMPAÑERX, Y LO VEMOS TODOS LOS DÍAS EN LA LUCHA!!

martes, 27 de septiembre de 2011

Este cuerpo es mío

Pocas cosas hay que movilizan tanto como nuestro cuerpo. Porque si cuando fuimos muy chiquit@s nos acariciarion bien el pelo, entonces será el pelo lo que nos gustará que nos acaricien de grandes. Vamos creciendo y aprendiendo y aprehendiendo el cuerpo, comenzamos a sentir vértigo por los bordes y hay rincones que empiezan a gustar más que otros porque han sido mejor tratados. Eso es aquello que se llama memoria física: no recuerdo todo el amor y las perturbaciones que sufrí, pero lo siento en el cuerpo.

Todos los cuerpos fueron, son y serán hasta el fin del patriarcado violentados o perturbados, algunos más que otros. De eso se trata no querer mostrar algunas partes, no querer sentir el tacto y juicios de valor ajenos.

Abuso recibimos cuando se mira, se toca, se pega, se viola, se habla y no quiero, cuando se dice qué hacer y cómo con mi cuerpo: que esta pierna allá y esta mano acá, que estos ojos los cerrás y que esta boca la abrís sólo para decir tal cosa. Ahora tenés hij@s, ahora no, ahora vas para ahí pero te vestís de esta manera, o no, pero bancatela en la calle.

En la adolescencia, el cuerpo suele presionar para que se haga con él lo que él quiere que se haga. Y a veces pasa algo feo, cuando el maltrato llega a un punto del que es muy difícil volver (pero se vuelve), nuestro cuerpo termina ofreciéndose enérgicamente como eso que le enseñaron a ser quienes más y peor lo recorrieron.

Ahora bien, si de algo estoy segura es de que este cuerpo, con traumas como todos los cuerpos, con lugares que fueron maltratados y -espero- aprenderé a liberar de a poco cuando alguien los cuide más de lo que sufrieron, con lugares que fueron recorridos con mucho amor, que ofrezco a quien quiero hasta donde quiero y que sé cómo cuidar en otros cuerpos: si de algo estoy segura es de que este cuerpo, carajo, es mío.

lunes, 11 de abril de 2011

Somos bien boludas

Cuando una se saca, se va al carajo, y dice cosas -en mayor o menor medida- hirientes. No tanto por lo que en sí mismas significan, sino por la situación que se elige para exteriorizarlas, y cuando la situación termina hay dos opciones. La peor: terminan los reproches. La mejor: se discutirán en frío y se llegará a un principio de acuerdo, ja.

Esas cosas que hieren, en términos generales y si no somos unos garcas, sirven. Porque aunque suceda la peor opción, el otro sabrá ya de ese alguito que nos jode sobremanera.

Yo, más que decir cosas particularmente hirientes para el contrincante, suelo insultar y chillar a lo loco y a todo el que se cruce. Y termino roja de ira. Hay quienes saben aprovechar ese, mi punto débil, conservando la calma. También hay quienes son iguales a mí. Prefiero, claramente en términos de discusión, a los últimos. Que podría decirse que son mi madre, ja.

Pero verán qué lindo es levantarse al otro día y desayunarse una notita de disculpa o un "dale, no seas cabeza dura, tratemos de cambiar". Y claro, si somos igual de boludas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Sobre mi 24 de marzo

En las charlas con amigos y amigas que se han prestado a la reflexión, hablando y dejándome hablar. En las historias que he compartido con compañeros y compañeras. En la importancia que le ha puesto mi familia a las cuestiones de género. En los espacios de militancia. En las parejas. En los ideales de mis 12, aquellos primeros que manifesté cuando empecé la secundaria. En los secretos familiares que vamos descubriendo a medida que crecemos. En el teatro. En los relatos que me acostumbré a escuchar y presenciar desde muy chica sobre la militancia de mis viejos. En la escritura. En los pocos espacios democráticos que me han sido ofrecidos por la escolaridad (el recuerdo más viejo: mi maestra de segundo grado explicando la colonización y su humilde opinión a cerca de lo que para ella era la mentira del descubrimiento de América y el real genocidio a los originarios; ninguno de nosotros, con siete añitos, salió con ataques de pánico del aula por escuchar de una maravillosa maestra la verdadera historia). En la vida, en la mismísima vida, conocí mundos cuya existencia jamás hubiese imaginado si faltase una de todas las partes que nombré.

Escuché cosas horribles que me han enseñado a optimizar todo lo que nos pasa antes de pegarnos un tiro sin fabular, claro, maravillas donde no las hay. También esas cosas me enseñaron que no hay nada más sano que tener la cabeza donde pisan los pies. Escuché cosas hermosas que me enseñaron, nada más ni nada menos que lo que quiero para mí.

Sentí toda mi vida, con todos los cambios de opinión y rumbo que atravesé, que nada mejor nos puede pasar a veces que compartir las alegrías con quienes lo merezcan (qué evangelista sonó esto). Sentí también, que aquellos que no lo han merecido se queman solitos, y muchas veces ni se atreven a reír con nosotros porque la culpa los carcome.

Supe diferenciar a la mala gente de la gente sin huella. Y supe entender a los sin huella.

Fui lo menos políticamente correcta que pude y traté de llevar todas mis discusiones políticas a los lugares "menos indicados", y siempre dio buenos resultados. Para correrse un poquito del molde o para sacarse las caretas frente al mundo. Me maravillé, me decepcioné, me maravillé de nuevo y me volví a decepcionar. Y muchas de esas me quedan por vivir, y a mí me gusta mucho mediar.

El 24 de marzo. Tal vez, señor, no encuentre relación con todo lo anterior. Pero el 24 de marzo es para mí una herida abierta, un duelo vigente, un medio para, una reflexión con, un ideal por el que. El 24 de marzo vendría a ser una puerta a una habitación llena de puertas.

Si abrís la 1, llorás de alegría por el terreno ganado. Si abrís la 2, llorás por los 30.000. Si abrís la 3, llorás por los Luciano. Si abrís la 4, te ves de pequeña preparando los sandwich porque al día siguiente nos íbamos a pasar el día a la ronda de madres. Si abrís la 5, te ves de grande tomando unos mates con tus viejos mientras ellos cuentan y recuerdan historias. Si abrís la 6, tomás unos mates con unx amigx o compañerx, compartiendo lo poco o mucho que te genera. Si abrís la 7, te estás peleando con medio mundo, y a mucha honra. Y así sucesivamente, y cada una de las puertas se conecta con todas las demás (un pequeño mapita conceptual para comprender la infinidad de cuentitos que nos abre una fecha como esta).

Conmueve marchar, conmueve saber de qué columna formaremos parte, conmueve escuchar testimonios, conmueve soñar otra realidad para tantos, conmueve luchar por esa realidad. Conmueve, como uno más sin justicia y como uno menos sin justicia, este 24. Pero conmueve bien también. Revuelve esa chispita que queda en brasa durante el año y enciende cada vez que nos juntamos todos, pero todos.

Porque nos sirve tanto esta fecha... Porque aquí, señor, donde estoy yo, una a veces se guarda tantas cosas que a esta altura del año podemos recomenzar a comprender. Una a veces se olvida de quiénes somos, y en la inercia rutinaria hace por hacer y habla por hablar. Y recuerdo el amor por esto cuando nos encontramos todos en la maravilla mística de cada marcha.

Eso trae cada 24, recuerdos y recordatorios.

martes, 1 de febrero de 2011

BuenodíaBuenatardeBuenanoche

Algunas veces se viene esa extraña sensación entre bella, compleja e intensa; esa sensación de -diría La Maga- darle al cuerpo carácter de ofrenda. Darle carácter de ofrenda y permitir -en primer lugar, porque cuando nos arriesgamos ya no hay vuelta atrás; y en segundo lugar, porque queremos que así sea- que el otro disponga. Manche. Toque. Dé vueltas.

Y lo que pasa después es extrañísimo. Una mezcla de angustias bonitas, sentimientos muchos y muy profundos (al menos a mí, sin importar quién sea aquel). Pensar y pensar, que hemos dejado nuestra integridad en manos de alguien que ha sabido cuidarla y que ha presenciado (igual que una) lo más profundo de nuestra intimidad, además de que compartió la suya.

Tomar la decisión una y mil veces en la vida. Elegir cuidadosamente al compañero. Darle los peros y los porqués para que todo salga lo mejor posible. Alguna que otra advertencia, y alguna que otra cosita a la buena de dios. Sobretodo, evidenciar la absoluta necesidad de ser cuidada en todos los sentidos existentes. Y la necesidad implícita de cuidar el cuerpo del otro, de quererlo y conocerlo hasta lo más sutil, hasta el menos vistoso de los huequitos.

Y lo explícito, lo sexual, lo conocido y visto por todos en todos lados, queda al margen cuando hablamos del contacto y del tacto. El sexo significa una cosa que a veces ni ocurre en este accionar que cuento. Entonces resulta fascinante, e inexplicablemente satisfactorio, despertarse al lado suyo y saber si ronca, patea, se acurruca o se despatarra, habla o se ríe.

Y después se dice Buen Día.

jueves, 27 de enero de 2011

Lo importante es eso, Luciano

A veces me duele, a veces me pesa, a veces no lo entiendo, a veces me enfurece, a veces me da una cosita de alegría triste y tristeza alegre. Y a veces pienso y pienso... y no sé qué carajo pensar ya.

Sólo te puedo decir, donde quiera que estés, que ya van dos años sin que los tuyos te vean sonreír más que en fotos... y eso, a todos, debería provocarles una inquietud, bastante inquieta. Me duele haber entrado en este círculo tan valioso en una situación como esta, me duele pensar que jamás hubiese sabido de tu existencia de otra forma (tal vez sí). Me duele saber que te merecías otra cosa y saber quién sos cuando ya no puedo saber quién sos.

Tu hermana, tu mamá, los hermanos menores, los más enanitos del barrio, las madres de la plaza, los amigos nuevos y los viejos, periodistas, abogados, militantes. ¿Sabés que todos te conocen, verdad? Y lo importante de eso, Luciano, es que hoy tu corazón está latiendo en el nuestro, lo importante, Lu (hasta te digo Lu, porque te siento tan cerca... si supieras cuánto), es que todos y cada uno de nosotros es responsable de no olvidarte. Y más aún, de recordarte todos los días, de mantenerte vivo, de enorgullecerte porque estamos orgullosos de vos, de hacer de la llamita que fuiste cuando se aprovecharon de vos, una llamarada que no pase desapercibida; que sea sostenida por nuestro sudor, sí, pero sobre todas las cosas por tu valentía, por tu maravillosa sonrisa, esa que contagiás hasta en las fotos, que sea sostenida por los sueños que tuviste y las responsabilidades que asumiste siendo tan pibe, que no tenías por qué. Que ellos no tenían derecho, carajo...

La conmoción que me genera pensar en estos dos años, me impide hoy escribir un texto de carácter militante (por suerte). Y me permite sonreirte, desde donde estoy, hasta donde estés. Asegurarte por mí y por tantos más, que vos estás un poquito en cada uno, porque te lo merecés. Porque, como le dije una vez a la petisa, me pesó tu nombre, y no me pesó porque tenemos la misma edad, ni porque vivimos cerca. Me pesó por las diferencias, por las necesidades, que no tenían ni puta que ver, y hoy diría que son las mismas.

Lu, como dice Mónica, debés estar mirándonos y riéndote de lo que generaste, de lo mucho que nos cuidás, de lo mucho que te hablamos en acciones y en palabras. Espero que sea así, me gustaría que sea así. Sos lo que creo, estás acá y por vos es mucho de mi vida, sentirte cerca para mí es la seguridad de tenerte cerca. Y también debería pedirte perdón. Y acá me vuelvo a tomar el atrevimiento de hablarte por mí y por otros... porque no te cuidamos a tiempo, pedirte perdón en carácter de piba, pedirte perdón por los pibes y pibas que no te conocen, o no te quieren conocer, y prometerte. Prometerte eso, que no te olvido, que estás donde estemos y que sos uno de los infaltables, desde hace dos años y para siempre, dentro de mí.

Y gracias, por enseñarme tanto, enseñarme todo, darme aliento para conocerte, regalarme esa sonrisa que parece que dice como que pasá, que sos bienvenida, que podés entrar en mi mundo, que faltan cosas pero, carajo, que sobra amor. Carajo que en esta familia cuando hay que estar se está, y no se falla. Gracias por mostrarme tu casa, tu mamá, tu hermana, tu barrio, tu gente, gracias por compartirlos, por cuidarlos, por dejarte cuidar y hacerte escuchar en nuestra voz y en tu risita corrompida; en tu foto con guardapolvo, esa es la que más me gusta. Porque esa foto es vos, es tu historia y lo que te merecés, es la única responsabilidad que te correspondía a tu edad, y es la que tuviste que resignar, para ocuparte de otras cosas, y defenderte de otras. Y así y todo, con lo que costó, esa foto me demuestra una y mil veces que, atorrante y simpático como te pintan, en ese espacio querías estar porque sabías que -mal que mal- te pertenecía. Sabías que si tu hermana quería que estuvieras en la escuela, eso significaba sin pensarlo dos veces, que era el mejor lugar en el que podías estar. Y entonces, aunque no te gusta estudiar, en la foto sos feliz porque Vanesa tiene razón. Porque Vanesa quiere que seas feliz, y si alguna vez lo dudaste, acá la tenés.

Igualita a vos, con esa risita también corrompida, con algunos años más pero la misma fortaleza, la misma valentía, la misma alegría para defenderse. Porque es sensata y sabe que nuestra alegría es su debilidad. Y sabe también, como vos y yo, que justicia acá o allá, justicia legal o popular, lo importante es la seguridad de que no te fallamos, y que somos concientes de que ahí; esos cosos que no tienen una palabra que los defina, porque no se puede explicar su cobardía, su falta de inteligencia, su manipulación compulsiva, su, su, su... Esos que decía, ya están tras las rejas, ya les pesa, ya les cuesta, ya están ahogados. Porque lo que va vuelve, y no hay vuelta atrás. Eso, todo eso, lo sabremos todos, pero ella nos lo enseñó.





31-1-11 Dos años sin Luciano Arruga

viernes, 17 de diciembre de 2010

Esas cosas por las que jugarse, que le dicen

Qué raro es a veces llegar a conocer en profundidad los sueños, los anhelos del otro. Que en definitiva resultan ser la esencia del otro. Y que son pocos los que la dejan ver, son pocos.

No digo que esté mal, claro que no. Mucho menos quiero decir que yo sea uno de esos transparentes, aunque suelo intentarlo. Pero cuando uno siente que la persona que tiene enfrente, o mejor dicho, al lado, demuestra con hechos eso que mucho decimos querer con palabras, es escalofriante.

Y es escalofriante porque es bueno. Porque se trata de un voto de confianza, porque el tiempo corre. Y en estos tiempos, en los que corre el tiempo y suena el río, solemos creer que pocos son los que valen la pena. Y ni que lo diga, los que valen la pena son miles.

Sepa que aquellos que valen la pena no luchan para sobrevivir, luchan para hacer justicia. Son esos que a una le enseñan poquito a poco lo que es y lo que significa estar aquí, donde estoy.

Y esos de los que hablamos no son precisamente militantes full time. O no los que solemos llamar así. Son los docentes, los periodistas, los estudiantes, abogados, militantes, son señores y señoras que aman lo que hacen, aman estar donde están. Porque, de hecho, HACEN. Y nos lo hacen saber.

A esos que a mi me enseñan a vivir, los quiero con el alma.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Lo demás vendrá solito...

Qué sano es escribir, ¿verdad? Escribir en cualquier lado y situación. Tomarse el tiempo a veces, o quitarle tiempo a cositas menores, para escribir. Y canalizar. Canalizar iras, angustias, alegrías, insomnios, conmociones, emociones, sueños, utopías, nervios. Y canalizar. Que todo aquel que sea devoto de la escritura lo sabe, una puede caerse de sueño pero si tiene que decirse algo, decirte algo, no se duerme.

En cursiva, en imprenta, lápiz, lapicera, fibrón, pluma, cuaderno, hoja suelta, apunte, libro, boleto, servilleta. Escribir es un hábito que, creo y espero, no perderé nunca. Porque todo aquello que quiera decir y mi personalidad o mi entorno no me permitan, lo escribiré. Y algunos de mis textos serán publicados e intentarán ser comunicadores de ideas. Otros podrán ser leídos por unos pocos. Y otros, los más, serán releídos y reformados, o no, por mí dentro de unos años, meses, semanas, días.

Y traerán risas o llantos; pero seguro también recuerdos, nostalgias de tiempos lindos y feos, imágenes, sensaciones, olores. Y, creo, eso es lo más valioso de la escritura, lo que más me fascina. Transmitir a usted, o a mí misma, o a ambos. Generar una inquietud, una idea, un objetivo, una alegría y, si es necesario, una incomodidad. Esa incomodidad que genera el replanteo. De quién soy, por quiénes soy y por quiénes quiero ser. A quiénes quiero dejar ser

Y una se va perfeccionando con los años de escritura. Claramente no estoy diciendo que escriba mejor. Pero sí creo descubrir formas de escritura con las que me siento más cómoda. Sí formas con las que tal vez, creo, algún lector puede sentirse más cómodo. Verá usted, si no escribe, que lindo es escribir.

Y releer los primeros textos. Esos de mis 12 años, perdidamente enamorada. O los de los 14, increíblemente confundida pero también motivada. O los 16, a penas una hacedora de los sueños que algún día tendré suficiente coraje para cumplir. Y los 17, ensayísticos, experimentadores y expectantes de esa etapa nueva. Que me han ayudado a comprenderme en mis situaciones. Y viera usted todo lo que una aprende de una cuando escribe, todo lo que aprende a expresar sus emociones sin revelar aquello que no quiera, pero haciéndose comprender.

Cuando acompaña el mate, alguna comida, algún cigarrillo, algún tiempo. Ese traicionero pero anticipado tiempo. Alguna idea previa, como un boceto mental. Y hojas y lapicera. Que no se acaben, que no falten, que una se desespera y es capaz de escribir la pared limpita y bien pintada.

Hay que intentarlo, en los primeros textos seguramente canalizará pero tal vez no comunique. Y ahí, sobre la marcha, con tiempo y paciencia, empezará a sentirse una comunicadora, un comunicador. Esa es la gracia real de la escritura.

También tendrá oportunidad de recibir críticas, y créame que alguna -por constructiva o destructiva- le abrirá o romperá el corazón. Y en cualquiera de los dos casos habrá que empezar de nuevo, pero no de cero.

Y como si una cosa fuera la otra, escribir lo o la llevará a leer. Leerse primero a usted misma o mismo. Y después a otros y otras que escriban parecido. Y después a otros y otras que escriban distinto.

Y podrá robarse técnicas. Acortar o alargar párrafos y oraciones. Quitar y reponer conectores. Perfeccionar ortografía y gramática. También aprenderá a llegarle a quien conozca, y podrá decepcionar a unos cuantos, y tal vez, quién dice, se sentirá orgullosa u orgulloso de esas decepciones. Pero no vaya a creer que robar técnicas es malo. Porque cuando descubra las suyas propias y las vea en textos ajenos -salvando, claro, que sean fieles copias- se sentirá feliz y eficiente de su escritura.

Lo demás vendrá solito, y verá que es maravilloso.

martes, 16 de noviembre de 2010

Historia... de vida

Puf, un nuevo círculo de pertenencia y sentirme identificada con otros y otras. Preocupaciones y ocupaciones, varias y distintas.

Un nuevo sentimiento y otro amor. Ese amor del que tanto me han hablado y que desconozco casi por completo. El amor de la gente con el estudio. Porque estudiar lo que a una le gusta debe sentirse tan lindo. Tan lindo debe ser que no me atrevo a imaginarlo.

Y años de esperar. Años del famoso "cuando sea grande voy a ser...". Años de no alcanzarme la humanística del secundario. De querer saber más y estudiar más. Estudiar historia y leer autores y poder decir que me identifico con Fulano por tal cosa y con Mengano no coincido por aquello.

Ir a esa universidad, en la que siempre quise estar. Porque esa universidad es un mundo, y ahí voy a encontrar a esos. Esos que saben de qué se trata mi lucha, por quiénes es mi lucha. Ellos van a entender por lo que sufro y que cosas a mí me dan alegría.

Para mí la universidad es otra cosa, cosa a la que no le temo. Pero, qué incertidumbre, carajo, que incertidumbre...

La Facultad de Filosofía y Letras es la que voy a frecuentar. Porque mi carrera es Historia. Para ser comunicadora. De ideas.

jueves, 23 de septiembre de 2010

De los temores

Hay momentos en los que una no sabe qué del otro está dispuesta a bancarse, y entonces analiza, y sacrifica o no, y arriesga o no.

Pero es jodido cuando una no sabe qué de una está dispuesta a bancarse cuando está con el otro. A ver si me explico, una cambia, claro, no su esencia, pero cambia actitudes, se "amolda", por así decirlo. Y cuando una misma no se banca estando con el compañero, probablemente no sea el compañero indicado.

¿Y qué es lo jodido? Que a veces, con algún compañero, NO SÉ si me banco. Pero, qué cómico, la puta madre. Lo que no me banco es la incoherencia de mis actos.

La incoherencia de (modestia aparte) la valentía que tengo en algunas situaciones, algunas reacciones mías, que no se me mueva un pelo por saltar frente a cinco monos a defender a un/a desconocido/a; y la sumisión (a veces) frente a mi pareja y la cobardía de no decirlo todo porque NO.

Es bueno saber que el compañero te cuida, te conoce, y te sabe miedosa. Y de a poquito te convence de que no es a él a quien temer, porque él teme lo mismo, porque él es bueno. Y, en todo caso, podemos temer juntos, otra cosa.

Y otro día, que temer con vos es otro voto de confianza.