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domingo, 6 de mayo de 2012

Aclarando el panorama

Una pasa por momentos en los que se replantea quién es, en todos los sentidos. Cosa parecida a una crisis, pero no es del todo eso. Es una revisión de algunos principios, simbolismos, prioridades, afectos, definiciones, caracterizaciones, dificultades, virtudes, tácticas y estrategias que componen todo lo que somos.

Es preguntarse y responderse por cada una de esas cosas y encontrar la forma de que convivan juntas en un mar de contradicciones. Porque bien sabemos que vivir es eso, es la discusión misma, es una relación dialéctica entre los miles de factores que nos componen.

Este momento, este 'punto de inflexión', es también la búsqueda de nuevos elementos que sirvan para hacernos mejores, más 'acabadxs'.

Este momento no avisa cuando llega, tampoco hay base teórica que permita abordarlo. Se trata más bien de una sucesión de señales de alerta, que puede ser una sola si tenemos suerte y lo percibimos a tiempo, pero que casi nunca es una sola. Señales diversas que son cada vez más intensas. Pero hay personas que las reciben durante años y no se replantean nada.

¿Qué implica todo esto? Implica recordarse a una misma para qué hace lo que hace, por qué está con quien está, qué hizo de un tiempo a esta parte para cambiar lo que está mal, qué piensa hacer de ahora en más, para qué sirven los aportes en tal lugar, por qué dejar aquello, por qué retomar lo otro, por qué empezar lo de más allá, etc.

Es algo similar al famoso "balance y proyección" de la militancia, pero personal. No puede escribirse o sistematizarse y no tiene un determinado tiempo de duración porque eso depende de cuánto se transforme y cuánto orgullosamente se reafirme.

Es complejo, muchas veces repercute para mal en el estado de ánimo porque genera "confusiones" que complican la vida cotidiana. No porque sean negativas o eternas, sino porque son eso, confusiones, incertidumbres.

Hablaba de mí, porque las confusiones y la inestabilidad a mí me generan inseguridades nada agradables, pero bueno, necesarias.

Atravieso ese momento, afecta mi estado de ánimo. Sin embargo, me siento algo feliz por ver cuánto de todo lo que se pone en juego deseo que perdure.

lunes, 16 de enero de 2012

de cambios verdaderos y otras cuestiones

Otra vez me encuentro escribiendo un textito... Estuve recordando los primerísimos tiempos en estas semanas. A comienzos de 2009, cuando hacíamos una actividad por mes. Cuando cada vez que pasaba era desgarrador para la familia. Porque era reciente.

Estuve recordando la impronta de las actividades. Al principio eran casi súplicas, eran tristes, dolorosísimas, desesperadas: había esperanzas. Más adelante empezaron a ser embroncadas, escrachantes, de lucha y acción directa: queríamos cualquier tipo de justicia ya, porque caímos en la cuenta de que Luciano no iba a estar.

Fuimos procesando el dolor, si algo es bueno es que somos muy compañerxs y nos queremos con el alma. Las actividades empezaron a ser felices, empezamos a saber que Luciano está muy cerquita. Algo de todo que no me deja de sorprender es lo valioso que es este grupo. Me encantaría nombrar uno por uno, pero me van a putear. Las cosas que han resignado para acompañar a Vanesa, son lo que se dice incondicionales: la cuidan, la retan, la pelean, la quieren con el alma, a su manera, todos de distinta forma.

La dinámica de la lucha hace que una no tome real dimensión del tiempo, incluso que a veces no pueda disfrutarlo como debería. Pero tomarse un minuto y mirar para atrás... pasó mucho. Reuniones cargadísimas de gente, peleas, gritos, risas, cariños. Dibujar toda la reunión con la hija de la compañera y no escuchar nada y por ende no mandar después el informe al que me comprometí, jaja. Si hablamos de la policía o la maldita policía. Si decimos de Scioli solo o Scioli y Kirchner. Si esto o aquello interpela más a la famosa Doña Rosa. Si hay correlación de fuerzas para encarar esa medida. Si hay posibilidades de represión. Si aportan las organizaciones para los volantes. Si articulamos con tal o cual. Si amenazan a los compañeros nos reunimos de urgencia... cuántas roscas. Si habré aprendido con esa bendita coordinadora.

Los 3 años caen como un baldazo de agua helada. Este fin de año lloré como loca, cosa rara de verdad. Hay muchos sentimientos encontrados en el aire, muchas cosas nuevas, tristes, raras, qué balance.

Mi mamá ama a Borges y siempre me cuenta que él relata en las vidas de sus personajes un instante, un solo momento, en que ellos comprenden el sentido de sus vidas, descubren quiénes son, para qué y con quiénes más. Yo estoy convencida, todo lo que me pasó después de Luciano siento que es un emergente del día en que supe de su existencia. Sí, es un poquito fuerte, ya sé.


Si quieres cambio verdadero... pues, camina distinto.

martes, 25 de octubre de 2011

De amores

Días como este, una siente muy adentro, en la piel, en el alma, en la panza, un amor muy grande. Que sin dudas supera ampliamente lo que podamos entender con palabras. Por esto que vaya una a saber quién merece el mérito de haberle dado la oportunidad de hacer. Por ver en los ojos de las personas las ganas de concretar esto o aquello en pos de esto otro o aquello otro. Pero más aún, siento amor por lo mucho que me conmueven los ojos de una parte importante de quienes me rodean. No tengo dudas: es buen signo. Hay presente, en mi aire, un amor inconmensurable por los y las jóvenes de esta tierra.

Jóvenes que sufren todos los días los golpazos de este sistema desigual por definición. Jóvenes que cargan con mochilas inimaginables, que tienen hambre y eso es lo menos grave. Pero, por prejuicio será, una nunca jamás se hubiera pensado a sí misma capaz de recibir tanto de ellxs, ni los hubiese pensado a ellxs capaces de ofrecer tanto. Si no, más bien, lo hubiera pensado al revés, gravísimo error... No se mide, no se pesa, no se ve, pero nos regalan cosas que se sienten muy adentro y muy afuera, a flor de piel.

Será que las corridas, los momento burocráticos, la estructuración y sistematización de todo y sobre todo la institucionalización son factores que, entre otros roles, cumplen el de herramientas de la hegemonía para endurecernos todos los días un poco, y sí, nos endurecen. Pero no hay dureza que resista esto de que hablo. En gestos, cartas, comentarios, en disposiciones físicas, en los ojos del otro y la otra podemos conmovernos hasta las lágrimas, basta permitírnoslo (si usted es medio denso con eso de demostrar el cariño, como yo, verá que ni permiso se pide).

Y la cosa tiene que ser necesariamente así, hay cuervos al acecho y si una no absorve todo eso cual esponja, tarde o temprano la termina pifiando. Yo sufro muchos dolores que no me pertenecen, pero tengo esa cualidad; me permito conmoverme y sorprenderme hasta la médula con mis compañerxs, porque entiendo que la mejor y única forma de hacer las cosas, es con ellxs...

Así una se la banca con mucha pasión, sin padecer, sin endurecerse más de lo estrictamente necesario, sin colapsar, nada más simple: hay que conmoverse a cada paso, con las miradas que valen la pena.

sábado, 11 de junio de 2011

Algún día llegará el después de esta lucha.

Se cierra un destacamento, se abre un centro social y cultural en su lugar. Largas, dolorosas y orgullosas reuniones de Familiares y Amigos diciendo lo que a cada unx le genera, lo movilizador que va a ser para nosotrxs militar ahí. Personas que nunca nos imaginamos militando esta causa, que sólo tenemos una vaga idea de lo que va a ser estar, y mucho más vaga de cómo transformar ese espacio para evitar la carga simbólica y energética espantosa que tiene.

Y precisamente porque la veíamos una conquista tan lejana, es que hoy estamos dando pasitos. Uno a uno. Tomándonos el tiempo que nos quitan la sorpresa, la conmoción, la tristeza y la injusticia. Y aprovechando el tiempo que nos da la alegría de esta victoria. Hoy tenemos conciencia de lo responsables que somos de esto. De que lo fuimos desde el primer día. Y esa consigna, la del cierre, nos parece TAN lejana...

Entonces, nuestra lucha ahora se divide en dos partes. Porque hay una de las tres consignas principales que en breve estaremos quitando de la lista. Ahora exigimos Aparición con Vida y Juicio y Castigo a los culpables. Que no es cosa menor. Pero tampoco es cosa menor que cerremos el destacamento. Va a ser duro, va a doler, y vamos a llorar porque ahí todxs perdimos un hermano, y ahí mismo vamos a recuperar otrxs tantxs. Estamos segurxs de que el tiempo que nos queda es mucho, de que somos jóvenes y vamos a vivir el después de esta lucha.

Algún día llegará el después de esta lucha, porque si no creyéramos fervientemente eso, esta lucha no existiría.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Hay que disfrazar los motivos

Resulta que algunas veces no hay qué escribir, o sí hay, pero es indesmenuzable. Cuando tengo ideas indesmenuzables me desespero imaginándome lapicera en mano escribiendo vaya uno a saber qué, o escribo frases sin sentido, e inclusive usted podrá seguir mi rastro por la casa si busca los papelitos en los que repito mil veces mi nombre o firma mientras espero que se cargue una página en la PC, desayuno o me tomo un recreo del estudio. Todo eso porque no sé qué escribir.

La sensación de no saber qué escribir es similar a aquella que tenemos a veces de querer llorar sin estar tristes, o de estar tristes y no querer llorar. Hay algo que falta, y otro algo que -sabemos- está en la cabeza, pero puede que sea difícil. También suelen cruzarse palabras aisladas que deberían dar cuenta de algo, pero no son suficientes.

Sin embargo, conozco algunos motivos de mis preocupaciones, tristezas y alegrías, sólo que todavía no encontré las palabras para disfrazarlos y hacerlos publicables.
Y al fin me salió un texto

jueves, 12 de mayo de 2011

Se suman historias para los hijos y ejemplos para nosotros

El 10 de mayo, antes de mi cumpleaños y después de varios días de estar internado, falleció mi padrino. Primero decían que había sufrido un ACV, después que había sido una malformación congénita de no sé qué cosa que en algún momento se iba a despertar; uno nunca termina de entender del todo esos diagnósticos, pero lo que sí sabe es que fue repentino, y no lo esperábamos.

No sé si fui la ahijada que él esperaba, cuando pasan estas cosas nos vamos dando cuenta de lo mucho que nos hubiera gustado vernos más seguido, o tener esas charlas profundas algo menos que esporádicamente. Pero él fue mucho más que lo que se puede esperar de un padrino, porque, como le decía a su hija hace unas horas, me enseñó con el ejemplo. Diego era un católico tercermundista y así se conoció con mis viejos. Yendo a visitar a los presos, protegiendo a los más chiquitos víctimas de abuso, maltratos, explotación… víctimas. Recuerdo mis primeras charlas con él cuando se enteró que mi causa era Luciano Arruga, cuya vida encaja en muchos de esos sufrimientos, que cobró la consecuencia de no tener a un Diego por ahí, y quedó librado a su suerte por esta vida en este mundo (no es momento para razonamientos trillados y muchas veces certeros de la militancia).

Mi madrina y mi padrino me llamaron y me preguntaron qué había pasado con ese chico, y charlamos de cuán desprotegidos están otros tantos. A partir de entonces, verlos implicaba –para bien- charlar sobre eso, escuchar sus experiencias y contar las mías. Sus hijas, a quienes dejé de ver seguido hace mucho tiempo, me trajeron noticias por intermedio de Diego, y me enteré que están fundando una murga en su barrio, y cómo se notan las huellas que dejó ese hombre…

Ja, ahora me viene a la cabeza la imagen de mí chiquita y sin hablar del todo bien diciendo que Diego era “mi madrino”. Y a veces no te sale, si poner un estado, mandar un beso a la familia por mensaje, escribir un texto y publicarlo o no… elijo este medio para publicarlo porque es algo así como un poco de lo que compartí con él, y a su familia se lo contaré personalmente y nos reiremos de lo bien que lo pasábamos juntos.

Diego y Graciela (su esposa y mi madrina) adoptaron hace cosa de un año un nene –Seba- de 3 que había vivido toda su vida en un hospital, porque a los pocos meses de nacido sufrió hepatitis C, y por eso su socialización está súper atrasada, le dan un amor que pocas veces he visto en la mirada de las personas.

No mucho más para decir, se van sumando las personas de las que hablar un poco todos los días, y vamos teniendo más historias para los hijos, y más ejemplos para nosotros.

lunes, 11 de abril de 2011

Somos bien boludas

Cuando una se saca, se va al carajo, y dice cosas -en mayor o menor medida- hirientes. No tanto por lo que en sí mismas significan, sino por la situación que se elige para exteriorizarlas, y cuando la situación termina hay dos opciones. La peor: terminan los reproches. La mejor: se discutirán en frío y se llegará a un principio de acuerdo, ja.

Esas cosas que hieren, en términos generales y si no somos unos garcas, sirven. Porque aunque suceda la peor opción, el otro sabrá ya de ese alguito que nos jode sobremanera.

Yo, más que decir cosas particularmente hirientes para el contrincante, suelo insultar y chillar a lo loco y a todo el que se cruce. Y termino roja de ira. Hay quienes saben aprovechar ese, mi punto débil, conservando la calma. También hay quienes son iguales a mí. Prefiero, claramente en términos de discusión, a los últimos. Que podría decirse que son mi madre, ja.

Pero verán qué lindo es levantarse al otro día y desayunarse una notita de disculpa o un "dale, no seas cabeza dura, tratemos de cambiar". Y claro, si somos igual de boludas.

lunes, 28 de febrero de 2011

A ver si tomamos un chico de los kilómetros...

Exactamente un mes es lo que me falta para empezar la facultad, para entrar en otro mundo, para buscar otro tipo de cosas para otros. Cambiar de espacio implica, irremediablemente, cambiar de necesidades. Pasar, por ejemplo, de huirle a la Juventud Peronista a huirle al Partido Obrero.

Pasar de hacer sentada durante el día a hacer toma por varias semanas. De votar entre dos listas a tener infinidad de posibilidades. Yo no viví la democracia en la escuela, no fui al Cortázar, ni al Acosta, ni al Pellegrini. Fui al Normal de San Justo (Escuela Normal Superior "Almafuerte" de San Justo, para los dinosaurios que todavía trabajan en ella), un colegio que con 50 años jamás, hasta el 2008, había tenido un Centro de Estudiantes. Colegio cuyo primer director fue un militar y, en menor medida, se han seguido sus pasos.

Y si bien al Centro lo formamos, no fue para mí una militancia profunda. Fue una gran experiencia que repetiría una y mil veces porque sé que es lo mejor que pudimos hacer por nuestra escuela, pero también fue frustrante -aunque el balance es altamente positivo- ver que se nos cerraban tantas puertas, y siempre fui clara con respecto a eso.

El Normal es un colegio en el que "tomar un chico de los kilómetros", como diría la regente, es un acontecimiento extraordinario y de una caridad envidiable. Porque los chicos vienen de Ramos, San Justo, Lomas del Mirador y -en excepcionales casos- de Casanova o Laferrere. Por un lado, es cercanía, y por otro es target. Hay un solo chico proveniente de una villa (la 12 de Octubre en Lomas del Mirador), que fue ubicado en la escuela por la inspectora.

¿De qué hablo? De un edificio con unas condiciones casi perfectas, de estudiantes cuyas necesidades claramente no son básicas, de padres que pondrían el grito en el cielo si la escuela se llenase de "negros" o se cambiase la parte del reglamento que dice que las chicas deben usar bermudas o polleras por debajo de las rodillas, de directivos que no conmemoraban (hasta que el Centro de Estudiantes lo exigió y se dedicó a organizar las actividades) el 24 de marzo ni el 16 de septiembre.

Un colegio, como diría una nefasta docente que daba lengua y literatura "que hace la diferencia entre los colegios de la zona", sí, la tétrica diferencias... Verán que tengo una cantidad de verdades que -algún día- lo juro, les escupiré en sus caras. Pero en ese colegio, con esas dificultades, cumplí mi parte, y estoy orgullosa, y dependerá de los que vienen continuar o no, ya no me responsabilizo de eso.

Me espera otra cosa que, mejor o peor, es kilométricamente diferente. Ahí te ves Normal

martes, 1 de febrero de 2011

BuenodíaBuenatardeBuenanoche

Algunas veces se viene esa extraña sensación entre bella, compleja e intensa; esa sensación de -diría La Maga- darle al cuerpo carácter de ofrenda. Darle carácter de ofrenda y permitir -en primer lugar, porque cuando nos arriesgamos ya no hay vuelta atrás; y en segundo lugar, porque queremos que así sea- que el otro disponga. Manche. Toque. Dé vueltas.

Y lo que pasa después es extrañísimo. Una mezcla de angustias bonitas, sentimientos muchos y muy profundos (al menos a mí, sin importar quién sea aquel). Pensar y pensar, que hemos dejado nuestra integridad en manos de alguien que ha sabido cuidarla y que ha presenciado (igual que una) lo más profundo de nuestra intimidad, además de que compartió la suya.

Tomar la decisión una y mil veces en la vida. Elegir cuidadosamente al compañero. Darle los peros y los porqués para que todo salga lo mejor posible. Alguna que otra advertencia, y alguna que otra cosita a la buena de dios. Sobretodo, evidenciar la absoluta necesidad de ser cuidada en todos los sentidos existentes. Y la necesidad implícita de cuidar el cuerpo del otro, de quererlo y conocerlo hasta lo más sutil, hasta el menos vistoso de los huequitos.

Y lo explícito, lo sexual, lo conocido y visto por todos en todos lados, queda al margen cuando hablamos del contacto y del tacto. El sexo significa una cosa que a veces ni ocurre en este accionar que cuento. Entonces resulta fascinante, e inexplicablemente satisfactorio, despertarse al lado suyo y saber si ronca, patea, se acurruca o se despatarra, habla o se ríe.

Y después se dice Buen Día.

jueves, 27 de enero de 2011

Lo importante es eso, Luciano

A veces me duele, a veces me pesa, a veces no lo entiendo, a veces me enfurece, a veces me da una cosita de alegría triste y tristeza alegre. Y a veces pienso y pienso... y no sé qué carajo pensar ya.

Sólo te puedo decir, donde quiera que estés, que ya van dos años sin que los tuyos te vean sonreír más que en fotos... y eso, a todos, debería provocarles una inquietud, bastante inquieta. Me duele haber entrado en este círculo tan valioso en una situación como esta, me duele pensar que jamás hubiese sabido de tu existencia de otra forma (tal vez sí). Me duele saber que te merecías otra cosa y saber quién sos cuando ya no puedo saber quién sos.

Tu hermana, tu mamá, los hermanos menores, los más enanitos del barrio, las madres de la plaza, los amigos nuevos y los viejos, periodistas, abogados, militantes. ¿Sabés que todos te conocen, verdad? Y lo importante de eso, Luciano, es que hoy tu corazón está latiendo en el nuestro, lo importante, Lu (hasta te digo Lu, porque te siento tan cerca... si supieras cuánto), es que todos y cada uno de nosotros es responsable de no olvidarte. Y más aún, de recordarte todos los días, de mantenerte vivo, de enorgullecerte porque estamos orgullosos de vos, de hacer de la llamita que fuiste cuando se aprovecharon de vos, una llamarada que no pase desapercibida; que sea sostenida por nuestro sudor, sí, pero sobre todas las cosas por tu valentía, por tu maravillosa sonrisa, esa que contagiás hasta en las fotos, que sea sostenida por los sueños que tuviste y las responsabilidades que asumiste siendo tan pibe, que no tenías por qué. Que ellos no tenían derecho, carajo...

La conmoción que me genera pensar en estos dos años, me impide hoy escribir un texto de carácter militante (por suerte). Y me permite sonreirte, desde donde estoy, hasta donde estés. Asegurarte por mí y por tantos más, que vos estás un poquito en cada uno, porque te lo merecés. Porque, como le dije una vez a la petisa, me pesó tu nombre, y no me pesó porque tenemos la misma edad, ni porque vivimos cerca. Me pesó por las diferencias, por las necesidades, que no tenían ni puta que ver, y hoy diría que son las mismas.

Lu, como dice Mónica, debés estar mirándonos y riéndote de lo que generaste, de lo mucho que nos cuidás, de lo mucho que te hablamos en acciones y en palabras. Espero que sea así, me gustaría que sea así. Sos lo que creo, estás acá y por vos es mucho de mi vida, sentirte cerca para mí es la seguridad de tenerte cerca. Y también debería pedirte perdón. Y acá me vuelvo a tomar el atrevimiento de hablarte por mí y por otros... porque no te cuidamos a tiempo, pedirte perdón en carácter de piba, pedirte perdón por los pibes y pibas que no te conocen, o no te quieren conocer, y prometerte. Prometerte eso, que no te olvido, que estás donde estemos y que sos uno de los infaltables, desde hace dos años y para siempre, dentro de mí.

Y gracias, por enseñarme tanto, enseñarme todo, darme aliento para conocerte, regalarme esa sonrisa que parece que dice como que pasá, que sos bienvenida, que podés entrar en mi mundo, que faltan cosas pero, carajo, que sobra amor. Carajo que en esta familia cuando hay que estar se está, y no se falla. Gracias por mostrarme tu casa, tu mamá, tu hermana, tu barrio, tu gente, gracias por compartirlos, por cuidarlos, por dejarte cuidar y hacerte escuchar en nuestra voz y en tu risita corrompida; en tu foto con guardapolvo, esa es la que más me gusta. Porque esa foto es vos, es tu historia y lo que te merecés, es la única responsabilidad que te correspondía a tu edad, y es la que tuviste que resignar, para ocuparte de otras cosas, y defenderte de otras. Y así y todo, con lo que costó, esa foto me demuestra una y mil veces que, atorrante y simpático como te pintan, en ese espacio querías estar porque sabías que -mal que mal- te pertenecía. Sabías que si tu hermana quería que estuvieras en la escuela, eso significaba sin pensarlo dos veces, que era el mejor lugar en el que podías estar. Y entonces, aunque no te gusta estudiar, en la foto sos feliz porque Vanesa tiene razón. Porque Vanesa quiere que seas feliz, y si alguna vez lo dudaste, acá la tenés.

Igualita a vos, con esa risita también corrompida, con algunos años más pero la misma fortaleza, la misma valentía, la misma alegría para defenderse. Porque es sensata y sabe que nuestra alegría es su debilidad. Y sabe también, como vos y yo, que justicia acá o allá, justicia legal o popular, lo importante es la seguridad de que no te fallamos, y que somos concientes de que ahí; esos cosos que no tienen una palabra que los defina, porque no se puede explicar su cobardía, su falta de inteligencia, su manipulación compulsiva, su, su, su... Esos que decía, ya están tras las rejas, ya les pesa, ya les cuesta, ya están ahogados. Porque lo que va vuelve, y no hay vuelta atrás. Eso, todo eso, lo sabremos todos, pero ella nos lo enseñó.





31-1-11 Dos años sin Luciano Arruga

viernes, 17 de diciembre de 2010

Esas cosas por las que jugarse, que le dicen

Qué raro es a veces llegar a conocer en profundidad los sueños, los anhelos del otro. Que en definitiva resultan ser la esencia del otro. Y que son pocos los que la dejan ver, son pocos.

No digo que esté mal, claro que no. Mucho menos quiero decir que yo sea uno de esos transparentes, aunque suelo intentarlo. Pero cuando uno siente que la persona que tiene enfrente, o mejor dicho, al lado, demuestra con hechos eso que mucho decimos querer con palabras, es escalofriante.

Y es escalofriante porque es bueno. Porque se trata de un voto de confianza, porque el tiempo corre. Y en estos tiempos, en los que corre el tiempo y suena el río, solemos creer que pocos son los que valen la pena. Y ni que lo diga, los que valen la pena son miles.

Sepa que aquellos que valen la pena no luchan para sobrevivir, luchan para hacer justicia. Son esos que a una le enseñan poquito a poco lo que es y lo que significa estar aquí, donde estoy.

Y esos de los que hablamos no son precisamente militantes full time. O no los que solemos llamar así. Son los docentes, los periodistas, los estudiantes, abogados, militantes, son señores y señoras que aman lo que hacen, aman estar donde están. Porque, de hecho, HACEN. Y nos lo hacen saber.

A esos que a mi me enseñan a vivir, los quiero con el alma.

martes, 16 de noviembre de 2010

Historia... de vida

Puf, un nuevo círculo de pertenencia y sentirme identificada con otros y otras. Preocupaciones y ocupaciones, varias y distintas.

Un nuevo sentimiento y otro amor. Ese amor del que tanto me han hablado y que desconozco casi por completo. El amor de la gente con el estudio. Porque estudiar lo que a una le gusta debe sentirse tan lindo. Tan lindo debe ser que no me atrevo a imaginarlo.

Y años de esperar. Años del famoso "cuando sea grande voy a ser...". Años de no alcanzarme la humanística del secundario. De querer saber más y estudiar más. Estudiar historia y leer autores y poder decir que me identifico con Fulano por tal cosa y con Mengano no coincido por aquello.

Ir a esa universidad, en la que siempre quise estar. Porque esa universidad es un mundo, y ahí voy a encontrar a esos. Esos que saben de qué se trata mi lucha, por quiénes es mi lucha. Ellos van a entender por lo que sufro y que cosas a mí me dan alegría.

Para mí la universidad es otra cosa, cosa a la que no le temo. Pero, qué incertidumbre, carajo, que incertidumbre...

La Facultad de Filosofía y Letras es la que voy a frecuentar. Porque mi carrera es Historia. Para ser comunicadora. De ideas.

jueves, 23 de septiembre de 2010

De los temores

Hay momentos en los que una no sabe qué del otro está dispuesta a bancarse, y entonces analiza, y sacrifica o no, y arriesga o no.

Pero es jodido cuando una no sabe qué de una está dispuesta a bancarse cuando está con el otro. A ver si me explico, una cambia, claro, no su esencia, pero cambia actitudes, se "amolda", por así decirlo. Y cuando una misma no se banca estando con el compañero, probablemente no sea el compañero indicado.

¿Y qué es lo jodido? Que a veces, con algún compañero, NO SÉ si me banco. Pero, qué cómico, la puta madre. Lo que no me banco es la incoherencia de mis actos.

La incoherencia de (modestia aparte) la valentía que tengo en algunas situaciones, algunas reacciones mías, que no se me mueva un pelo por saltar frente a cinco monos a defender a un/a desconocido/a; y la sumisión (a veces) frente a mi pareja y la cobardía de no decirlo todo porque NO.

Es bueno saber que el compañero te cuida, te conoce, y te sabe miedosa. Y de a poquito te convence de que no es a él a quien temer, porque él teme lo mismo, porque él es bueno. Y, en todo caso, podemos temer juntos, otra cosa.

Y otro día, que temer con vos es otro voto de confianza.

sábado, 11 de septiembre de 2010

De Sarmiento, Ni hablar

"Maestros enseñen a los Niños a ser PREGUNTONES para que pidiendo el POR QUÉ de lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la RAZÓN! No a la AUTORIDAD como los LIMITADOS. Ni a la COSTUMBRE, como los ESTÚPIDOS” Simón Rodriguez


Yo no tengo forma de agradecer y retribuir a mis maestros, no tengo forma

lunes, 30 de agosto de 2010

Usted sabe, que a mí me gustan muuuuuchas cosas.

Me gustan las charlas terapéuticas con mi hermana o con amigas, a la madrugada, en la cocina, fumando cigarrillos y tomando mate.
Me gustan los hombres.
Me gustan los bebés y los niños.
Me gustan las reuniones de mi familia numerosa.
Me gustan las tardes al aire libre con áaaaarboles y pastito.
Me gusta la playa, de noche.
Me gusta el teatro.
Me gustan las utopías, que sirven para caminar.
Me gusta la militancia de base.
Me gusta la docencia.
Me gustan las marchas.
Me gustan los sueños.
Me gusta la juventud, y me emociona.
Me gusta dejar pasar el tiempo y recordar cómo era antes.
Me gusta extrañar un poquito.
Me gustan mis padres, y sus historias.
Me gusta confiar.
Me gusta que confíen en mí.
Me gusta tener cerca a la gente linda.
Me gusta estar prevenida a veces.
Me gusta la primavera.
Me gusta cuando me cuidan.
Me gusta analizar mis sueños.
Me gusta escribir.
Me gusta hacerme la justiciera.
Me gusta leer hasta las tantas.
Me gusta el cine.
Me gustan las lapiceras de pluma.
Me gusta la música.
Me gusta la revolución en todos los órdenes (en las plazas, en las casas y en las camas).
Me gusta la casa para mí sola.


A mí me gusta la libertad.

viernes, 11 de junio de 2010

Tía MUNDIAL

A veces tardo mucho, señor, señora, en actualizar. Sabrá usted disculpar, pero cuando no se cae una idea, no se cae una idea, y no hay con qué darle.

Estuve pensando en esto del mundial y qué sé yo qué, claro, bueno, ahora me hago la desinteresada, porque esto y aquello. Pero siempre me van metiendo chispita de a poco. De hecho hoy en Pro&MI (Proyecto y Metodología de la Investigación), nadie escuchaba al pobre docente y nos íbamos contando el partido de Uruguay unos con otros, pasando la información de uno que escuchaba por la radio, eso me hizo un no sé qué.

Bué, poco y nada tengo para decir, claro, no voy a ser de los recalsitrantes que defenestran eventos como el mundial o el Bicentenario. Sólo digo, como dije en el Bicentenario; festejemos, y no por eso, olvidemos tooooooooooooodo lo demás.

Es como una especie de consejo, moraleja, recordatorio, como una de esas mosquitas que te zumban, o como tu mismísima madre. Hacé esto, pero no por hacer esto, dejes de hacer aquello. Ahora sí, pueden mirar el mundial con mucho entusiasmo, SI NO SE OLVIDAN, EH.


Buenos días Buenas tardes Buenas noches
Rosaura

martes, 27 de abril de 2010

Me han enseñado.

Me han enseñado que arriesgarse a vivirlo es mejor que quedarse con la duda.
En el amor, nunca lo apliqué.
En su momento era una absoluta inexperta, ahora, una absoluta con tips.


Cuando me enamoré por primera vez tenía 12 años, un cuerpo en plena revolución y una ternura pendiente. Sueños, aspiraciones. Empezaban a gestarse mis ideales, empezaba a ser yo con todas mis situaciones. Pero no lo era aún.

Buscaba lugares para canalizar las luchas de mis hormonas y papel y pluma para empezar a escribir lo que terminaron siendo ensayos de la vida misma.

Comencé un taller literario donde conocí a alguien que tenía mi edad, mis sueños y sus egos. Alguien que disponía de todo mi tiempo y fue, por años, dueño de mis mejores sonrisas.

Siendo una petisa cambiante en todo sentido, que apenas comenzaba a experimentar lo que es hoy mi relación con la escritura, decidí, o decidió mi cuerpo; no arriesgarme.

A mis 16, poco hace que me desligué y puse los pies sobre la tierra, y eso no lo determinó que dejara de quererlo (también), sino saber que ese amor hippie chik no es lo que quiero para mí.


Llegando a los 17 estoy ahora. No tan lejos de ese primer amor. Sí muy lejos de esos 12.

Sé lo que quiero para mí.
Mi cuerpo tiene forma de pera para siempre.
Mi ternura tiene sus tiempos y sus revelaciones.
Aquellos sueños y aspiraciones son hoy mi militancia.
Hoy soy yo y todas mis situaciones. Ésta seré por muchos años.
Hoy conozco mis metas más allá de hoy.

Hoy mi escritura es mi catarsis. El teatro mi terapia. La militancia mis ilusiones. La historia mis fundamentos.


Y sí. Hoy. Tengo miedo de volver a enamorarme.

domingo, 25 de abril de 2010

Usted sabe. Como es esto.

Me picó ese bichito que no te deja hasta que no agarrás pluma y papel y te ponés a escribir.

¿Y saben qué? Escribir para canalizar una inmensa felicidad. Una felicidad en un mundo cruel, doloroso e injusto; la felicidad de una lucha digna, un amor incomparable y un tiempo a favor.

Una felicidad que últimamente me da pocos respiros, digo, pocos momentos amargos.

Y una felicidad que, como si no alcanzara con lo anterior, me llegó a tiempo. Bueno, para algunos muy temprano, pero prefiero eso a que llegue tarde. Y digo que llegó a tiempo porque a mis cortos 16 años sé lo que quiero para mi vida, para mis pares y para mis hijos.

Creo que sería muy larga la lista de esos señores que construyen mi felicidad. En resumen; familia, amigxs y amigxs y compañerxs de militancia.

A mi familia, sobre todo a mis mayores, les debo las huellas que me han dejado, la libertad que siempre me dieron, los sueños que protegieron, las iniciativas que alentaron. A mis pares les debo un camino que, sobre todo hoy, estamos haciendo juntos. Una infancia llena de risas, meriendas en lo de la abuela y algún que otro porrazo; que también nos enseñó a no saltar en la cama ni correr muy rápido.

A mis amigxs, bueno, a ellos les debo el apoyo, el respeto por lo mío y la confianza para mostrarme lo suyo. Les debo su preocupación y ocupación por mis miedos, por mis sueños y algún que otro reto en el momento indicado.

A compañerxs de militancia, a ellos les debo los cálidos espacios, el lugar que me dieron y las amistades que encontré. Les debo el amor por esto que, sabemos, es nuestra vida y nuestro futuro. Les debo el tiempo, las historias que me contaron y las marcas que me dejaron. Los ejemplos. Y los sueños.

A todos, les debo la paciencia ante los errores.
Y a todos. La confianza.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Era eso nomás.

El sueño de una vida normal, una familia, pileta y perro, y un gato, una profesión, una buena acción por día para los niños pobres, una buena relación con el guardia privado o con el policía, con el vecino y el almacenero, defender a tu esposa de los degenerados, cuidar a tus hijos de los secuestradores, mirar televisión y creerle a los noticieros, quejarte de la inseguridad, las epidemias, el hambre en África y terminar diciendo que son pobres chicos sin futuro. Dar clases de ética a todo el que se te cruce, cuidar las formas, los modales y la reputación, por sobre todo, cuidar el apellido, no hablar con extraños ni aceptar sus caramelos, no mirar a los linyeras, no dar limosnas porque es asistencialismo, evitar el barrio de Once, Constitución, Retiro, y, claramente, evitar todo el partido de La Matanza. Ser un ejemplo de vida y tener una vida soñada, ser pasivo, jamás levantarle la mano a una mujer, jamás a tus hijos. Jamás traicionar a un amigo. Revisar los mensajes de su teléfono celular y borrar los tuyos, para estar más seguro. Ir a ver cada tanto a tu madre, y, claro, mantenerla. Llevar a veces a los chicos al colegio para no ser un padre ausente, teñirte las canas, cuando llegue la calva raparte por completo. Ir en el verano a la costa, en el invierno a la sierra. No ir al trabajo cada cuatro o cinco años para quedarte haciéndole el amor, esa la convence de todo. Regalarle todo lo necesario para una vida de ama de casa full time. Ni sueñes llegar tarde o rechazarle una cena, eso jamás. Si es necesario, acompañala a la iglesia. Si es necesario, cená en casa de tus suegros cada tanto. Controlate delante de los chicos, de última se van a tomar un café. Auto, claro. DVD, microondas, TV, equipo de audio, celulares para todos, MP3, vida soñada ¿Superficial? Un poco, es lo de menos. Nunca te repreguntes nada, puede ser malo. Cuidá, siempre, la moral.

¿Solución mágica?: (No, no es "matarte laburando, empezar desde abajo") Nacer en cuna de oro.
¿Y el que no?: (No, no es "el que quiere, puede") Una prenda tendrá. No muy grave, sólo no va a elegir la vida que le toque.




Era eso nomás.