Mostrando entradas con la etiqueta pieza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pieza. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de agosto de 2010

Usted sabe, que a mí me gustan muuuuuchas cosas.

Me gustan las charlas terapéuticas con mi hermana o con amigas, a la madrugada, en la cocina, fumando cigarrillos y tomando mate.
Me gustan los hombres.
Me gustan los bebés y los niños.
Me gustan las reuniones de mi familia numerosa.
Me gustan las tardes al aire libre con áaaaarboles y pastito.
Me gusta la playa, de noche.
Me gusta el teatro.
Me gustan las utopías, que sirven para caminar.
Me gusta la militancia de base.
Me gusta la docencia.
Me gustan las marchas.
Me gustan los sueños.
Me gusta la juventud, y me emociona.
Me gusta dejar pasar el tiempo y recordar cómo era antes.
Me gusta extrañar un poquito.
Me gustan mis padres, y sus historias.
Me gusta confiar.
Me gusta que confíen en mí.
Me gusta tener cerca a la gente linda.
Me gusta estar prevenida a veces.
Me gusta la primavera.
Me gusta cuando me cuidan.
Me gusta analizar mis sueños.
Me gusta escribir.
Me gusta hacerme la justiciera.
Me gusta leer hasta las tantas.
Me gusta el cine.
Me gustan las lapiceras de pluma.
Me gusta la música.
Me gusta la revolución en todos los órdenes (en las plazas, en las casas y en las camas).
Me gusta la casa para mí sola.


A mí me gusta la libertad.

jueves, 21 de enero de 2010

Para que se lo vean.

Si a mí, Rosaura Barletta, me preguntan qué odio sobremanera, seguramente voy a pensar en muchas situaciones, pero ahora, ya, detesto profundamente la campaña mediática y social contra la juventud.

Se manifiesta haciendo mención a los jóvenes que cometen delitos (acompañado de la campaña latente por la baja de edad de imputabilidad), a las tribus urbanas, a la violencia entre adolescentes, al consumo de alcohol y drogas, la holgazanería, la adicción al paco y demás problemáticas cuya responsabilidad radica básicamente en los adultos.

Me enerva que los adultos hablen de nosotros como si fuésemos entes, personas del otro bando, otro idioma o inútiles improductivos y por sobre todas las cosas, culpables de todos los males de la humanidad.

Pero más aún que el odio generalizado de los adultos, mucho más, me enerva que los jóvenes repitan ese discurso criticando a sus propios pares, como si fueran inalienados, o eximidos de ese grupo de mogólicos en masa.

Me pregunto si en las generaciones anteriores también fue así, y tiendo a pensar que, no de la misma forma, pero sí; y entonces no puedo entender por qué los jóvenes de ayer repiten esa parafernalia imbécil si también la padecieron en su momento, y se me cruza la idea de si yo haré lo mismo.

Prometo, aquí y ahora y para siempre, teniendo en cuenta que mi generación posterior (a nivel familiar) ya comenzó con mi sobrino Luca; prometo, que en mi adultez NO voy a ser cómplice de la campaña para bajar el autoestima y las ilusiones de los jóvenes que vendrán. HE DICHO.

lunes, 18 de enero de 2010

O ella y yo somos dos pelotudas.

(Después de ver la película, M y yo)

M: es increíble.
Yo: no sé si me gustó, es re desconcertante.

- yo en la cocina mirando mi cigarrillo y jugando con la brasita y el cenicero con cara de limada -

M: te pasa algo?
Yo: no, no sé, es esa película que me dejó como...
M: sí, a mí también, me da miedo. Me voy a bañar.
Yo: no cierres con llave que quiero hacer pis.

- En el baño -

Yo: yo también me voy a bañar, no me gastes el agua.
M: a veces pienso que estoy loca, sueño cada cosa (...) me bajó la presión. Qué película.



Moraleja: el club de la pelea es como los dibujitos japoneses que dan convulsiones, zarpada película. O ella y yo somos dos pelotudas.