lunes, 11 de abril de 2011

Somos bien boludas

Cuando una se saca, se va al carajo, y dice cosas -en mayor o menor medida- hirientes. No tanto por lo que en sí mismas significan, sino por la situación que se elige para exteriorizarlas, y cuando la situación termina hay dos opciones. La peor: terminan los reproches. La mejor: se discutirán en frío y se llegará a un principio de acuerdo, ja.

Esas cosas que hieren, en términos generales y si no somos unos garcas, sirven. Porque aunque suceda la peor opción, el otro sabrá ya de ese alguito que nos jode sobremanera.

Yo, más que decir cosas particularmente hirientes para el contrincante, suelo insultar y chillar a lo loco y a todo el que se cruce. Y termino roja de ira. Hay quienes saben aprovechar ese, mi punto débil, conservando la calma. También hay quienes son iguales a mí. Prefiero, claramente en términos de discusión, a los últimos. Que podría decirse que son mi madre, ja.

Pero verán qué lindo es levantarse al otro día y desayunarse una notita de disculpa o un "dale, no seas cabeza dura, tratemos de cambiar". Y claro, si somos igual de boludas.

Una vez más, el oficialismo...

678 miente, y eso nadie se atreverá a negarlo. Las erróneas concepciones de la izquierda, que manifiesta Sandra Russo, pretendiendo que somos un grupo de fabuladores atrincherados que planean para dentro de un mes la Revolución Marxista-Lenninista, es para mí una falta de respeto y de información con respecto al grupo del que siento formar parte.

Tengo diferencias abismales con los partidos de izquierda, no se crea, pero no por eso dejo de llamarlos partidos de izquierda. Básicamente porque considero que, a pesar de todo, lo son.

Si Garré cree que la Metropolitana debe cumplir alguna función en la Ciudad, maravilloso. Pero tampoco seamos TAN negadores: en La Matanza tenemos a las Patrullas Municipales (aguantadero de torturadores exonerados de otras fuerzas), la Bonaerense 2 y la Bonaerense... ¿Debería no hacerme ruido que en la gestión del impresentble e inoperante kirchnerista Espinoza, Garré decida no intervenir y dejar libre albedrío a las tres -repito- TRES policías? No sé, dígame usted, tal vez estoy fabulando de lo lindo... ... ...

Ni Clarín ni 678 hablan de Luciano Arruga. ¡Ah, no! 678 sí lo hizo, cuando Barone dijo a toda su audiencia que la intervención en CQC había sido un caprichito, que estaba la policía para resolver nuestra causa... ¡Cómo puedo olvidar tamaño detalle! ¡Ah, y Clarín también! Cuando dijo que Luciano había sido detenido luego de robar tres celulares y un MP3. Otro detalle bonito.

Me han cansado sobremanera con sus pases de la papa caliente en los que pretenden posicionarnos casi obligatoriamente de un lado o de otro. En la TV Pública no debería promulgarse abierta y descaradamente el oficialismo, yo a eso le llamo monopolizar la información ¿Usted? Y de la TV privada no hay mucho que aclarar. Espero, después de este post, no me traten de Clarinista y funcional a la derecha.

La nueva moda es comportarse como niños para apedrearse. Si uno dice algo que al otro no le gusta, automáticamente el otro sufre de amnesia y olvida por completo lo sucedido. Pero -al parecer- medios oficialistas y opositores derechistas coinciden en algo: mantienen a rajatabla su pacto tácito por el cual deciden no tocar determinados temas de dominio público o tergiversarlos vergonzosamente para obtener más mérito y alimentar su rico discursito (ver más arriba la tergiversación del caso Arruga).

lunes, 21 de marzo de 2011

Sobre mi 24 de marzo

En las charlas con amigos y amigas que se han prestado a la reflexión, hablando y dejándome hablar. En las historias que he compartido con compañeros y compañeras. En la importancia que le ha puesto mi familia a las cuestiones de género. En los espacios de militancia. En las parejas. En los ideales de mis 12, aquellos primeros que manifesté cuando empecé la secundaria. En los secretos familiares que vamos descubriendo a medida que crecemos. En el teatro. En los relatos que me acostumbré a escuchar y presenciar desde muy chica sobre la militancia de mis viejos. En la escritura. En los pocos espacios democráticos que me han sido ofrecidos por la escolaridad (el recuerdo más viejo: mi maestra de segundo grado explicando la colonización y su humilde opinión a cerca de lo que para ella era la mentira del descubrimiento de América y el real genocidio a los originarios; ninguno de nosotros, con siete añitos, salió con ataques de pánico del aula por escuchar de una maravillosa maestra la verdadera historia). En la vida, en la mismísima vida, conocí mundos cuya existencia jamás hubiese imaginado si faltase una de todas las partes que nombré.

Escuché cosas horribles que me han enseñado a optimizar todo lo que nos pasa antes de pegarnos un tiro sin fabular, claro, maravillas donde no las hay. También esas cosas me enseñaron que no hay nada más sano que tener la cabeza donde pisan los pies. Escuché cosas hermosas que me enseñaron, nada más ni nada menos que lo que quiero para mí.

Sentí toda mi vida, con todos los cambios de opinión y rumbo que atravesé, que nada mejor nos puede pasar a veces que compartir las alegrías con quienes lo merezcan (qué evangelista sonó esto). Sentí también, que aquellos que no lo han merecido se queman solitos, y muchas veces ni se atreven a reír con nosotros porque la culpa los carcome.

Supe diferenciar a la mala gente de la gente sin huella. Y supe entender a los sin huella.

Fui lo menos políticamente correcta que pude y traté de llevar todas mis discusiones políticas a los lugares "menos indicados", y siempre dio buenos resultados. Para correrse un poquito del molde o para sacarse las caretas frente al mundo. Me maravillé, me decepcioné, me maravillé de nuevo y me volví a decepcionar. Y muchas de esas me quedan por vivir, y a mí me gusta mucho mediar.

El 24 de marzo. Tal vez, señor, no encuentre relación con todo lo anterior. Pero el 24 de marzo es para mí una herida abierta, un duelo vigente, un medio para, una reflexión con, un ideal por el que. El 24 de marzo vendría a ser una puerta a una habitación llena de puertas.

Si abrís la 1, llorás de alegría por el terreno ganado. Si abrís la 2, llorás por los 30.000. Si abrís la 3, llorás por los Luciano. Si abrís la 4, te ves de pequeña preparando los sandwich porque al día siguiente nos íbamos a pasar el día a la ronda de madres. Si abrís la 5, te ves de grande tomando unos mates con tus viejos mientras ellos cuentan y recuerdan historias. Si abrís la 6, tomás unos mates con unx amigx o compañerx, compartiendo lo poco o mucho que te genera. Si abrís la 7, te estás peleando con medio mundo, y a mucha honra. Y así sucesivamente, y cada una de las puertas se conecta con todas las demás (un pequeño mapita conceptual para comprender la infinidad de cuentitos que nos abre una fecha como esta).

Conmueve marchar, conmueve saber de qué columna formaremos parte, conmueve escuchar testimonios, conmueve soñar otra realidad para tantos, conmueve luchar por esa realidad. Conmueve, como uno más sin justicia y como uno menos sin justicia, este 24. Pero conmueve bien también. Revuelve esa chispita que queda en brasa durante el año y enciende cada vez que nos juntamos todos, pero todos.

Porque nos sirve tanto esta fecha... Porque aquí, señor, donde estoy yo, una a veces se guarda tantas cosas que a esta altura del año podemos recomenzar a comprender. Una a veces se olvida de quiénes somos, y en la inercia rutinaria hace por hacer y habla por hablar. Y recuerdo el amor por esto cuando nos encontramos todos en la maravilla mística de cada marcha.

Eso trae cada 24, recuerdos y recordatorios.

lunes, 28 de febrero de 2011

A ver si tomamos un chico de los kilómetros...

Exactamente un mes es lo que me falta para empezar la facultad, para entrar en otro mundo, para buscar otro tipo de cosas para otros. Cambiar de espacio implica, irremediablemente, cambiar de necesidades. Pasar, por ejemplo, de huirle a la Juventud Peronista a huirle al Partido Obrero.

Pasar de hacer sentada durante el día a hacer toma por varias semanas. De votar entre dos listas a tener infinidad de posibilidades. Yo no viví la democracia en la escuela, no fui al Cortázar, ni al Acosta, ni al Pellegrini. Fui al Normal de San Justo (Escuela Normal Superior "Almafuerte" de San Justo, para los dinosaurios que todavía trabajan en ella), un colegio que con 50 años jamás, hasta el 2008, había tenido un Centro de Estudiantes. Colegio cuyo primer director fue un militar y, en menor medida, se han seguido sus pasos.

Y si bien al Centro lo formamos, no fue para mí una militancia profunda. Fue una gran experiencia que repetiría una y mil veces porque sé que es lo mejor que pudimos hacer por nuestra escuela, pero también fue frustrante -aunque el balance es altamente positivo- ver que se nos cerraban tantas puertas, y siempre fui clara con respecto a eso.

El Normal es un colegio en el que "tomar un chico de los kilómetros", como diría la regente, es un acontecimiento extraordinario y de una caridad envidiable. Porque los chicos vienen de Ramos, San Justo, Lomas del Mirador y -en excepcionales casos- de Casanova o Laferrere. Por un lado, es cercanía, y por otro es target. Hay un solo chico proveniente de una villa (la 12 de Octubre en Lomas del Mirador), que fue ubicado en la escuela por la inspectora.

¿De qué hablo? De un edificio con unas condiciones casi perfectas, de estudiantes cuyas necesidades claramente no son básicas, de padres que pondrían el grito en el cielo si la escuela se llenase de "negros" o se cambiase la parte del reglamento que dice que las chicas deben usar bermudas o polleras por debajo de las rodillas, de directivos que no conmemoraban (hasta que el Centro de Estudiantes lo exigió y se dedicó a organizar las actividades) el 24 de marzo ni el 16 de septiembre.

Un colegio, como diría una nefasta docente que daba lengua y literatura "que hace la diferencia entre los colegios de la zona", sí, la tétrica diferencias... Verán que tengo una cantidad de verdades que -algún día- lo juro, les escupiré en sus caras. Pero en ese colegio, con esas dificultades, cumplí mi parte, y estoy orgullosa, y dependerá de los que vienen continuar o no, ya no me responsabilizo de eso.

Me espera otra cosa que, mejor o peor, es kilométricamente diferente. Ahí te ves Normal

lunes, 21 de febrero de 2011

Mil veces criticable, pero digno: Encuentro Memoria, Verdad y Justicia

Este 2011 cumplo 4 años como militante. Los últimos 2, los más intensos, tal vez, de toda mi vida (incluyendo, claro, lo que vendrá). Pero desde que tengo recuerdos, el 24 de marzo es una de las fechas más importantes del año.

Una historia que se comienza contándole a una chiquita que "hoy la gente está en la calle porque se cumple otro aniversario del gobierno de unos señores que maltrataban a los que querían un mundo mejor". Y a medida que pasan los años... "¿Y por qué se habla de desaparecidos?" "Porque en muchos casos los mataron y luego 'desaparecieron' sus cuerpos, los escondieron, y no sabemos dónde están" "¿Y qué es la AAA?" "Es la Alianza Anticomunista Argentina, el comunismo es una forma de pensar el mundo, ahora vivimos el capitalismo" "¿Y qué es cada cosa?" (y lo que viene lo recuerdo como si fuera ayer) "El capitalismo es un sistema en el que cada uno tiene que ocuparse de vivir como pueda, y siempre habrá algunos que tengan más que otros. El comunismo plantea que todos merecemos lo mismo" "¿Y vos que sos, Pa?" "Y... yo me tiro más para el lado del comunismo" "Entonces yo también soy comunista" (con una sonrisa en la cara) Y después se viene la decepción... "¿Es verdad que los comunistas eran malos y mataban gente?" "En algunos casos, pero nada justifica la cantidad de muertes" "Pero si eran malos..." "Algunos eran malos, siempre hay malos en todos los grupos, pero no se justifica aunque fueran los peores del mundo, que no lo eran..." "¿Por qué ponés esa cara, Pa?" "Porque me acuerdo de cosas..." "¿De qué?" "De que a muchos de los que buscamos los conocía, ¿sabés? y no eran malos..." Y podría escribir 1000 páginas más con el relato que fui escuchando de mis padres; entre notas en la tele, interrupciones mías en sus conversaciones, alguna que otra vuelta de madres a la que me han llevado (que para mí eran una fiesta, preparar la noche anterior el tupper con sanguchitos para pasar el día en la plaza), o dudas que me quedaban de comentarios ajenos.

Fui construyendo mi propio relato y comprendí que hay cosas que (aunque tengo una opinión que no creo necesario exponer) son irrelevantes, como lo buenos o malos que fueron los montos, o lo bueno o malo que fue Luciano.

Pero el 24 de marzo, fecha que no deja de emocionar por lo cercana, por lo emblemática y lo cruenta; el 24 de marzo aquí me tendrá un año más en la histórica plaza. Aquí me dolerá un año más. Y va a pasar una vez más, aunque cada 24 es distinto, porque cada plaza es distinta, porque cada sociedad es distinta. Y recuerdo -los últimos 5- año a año, cómo me transformé, con quién marché, por quién marché. Y sigo expectante por la plaza del 2011.

Y sin embargo, siento también que pasan tan rápido y tan desa(parecidos)percibidos. Que emocionan como siempre y resignifican como siempre. Y el que quiera me verá un año más junto al (mil veces criticable, pero digno) Encuentro Memoria, Verdad y Justicia; que sigue nucleando agrupaciones políticas y de DDHH, que sigue dando lucha a la Justicia por ayer y por hoy, que sigue diciendo Luciano Arruga y que -vale aclarar- no es opositor de este gobierno, sino independiente de todos los gobiernos.





Se viene un año más, con todas las connotaciones políticas siempre distintas del anterior, pero en el que decimos, igual que siempre
Memoria
Verdad
Justicia

martes, 1 de febrero de 2011

BuenodíaBuenatardeBuenanoche

Algunas veces se viene esa extraña sensación entre bella, compleja e intensa; esa sensación de -diría La Maga- darle al cuerpo carácter de ofrenda. Darle carácter de ofrenda y permitir -en primer lugar, porque cuando nos arriesgamos ya no hay vuelta atrás; y en segundo lugar, porque queremos que así sea- que el otro disponga. Manche. Toque. Dé vueltas.

Y lo que pasa después es extrañísimo. Una mezcla de angustias bonitas, sentimientos muchos y muy profundos (al menos a mí, sin importar quién sea aquel). Pensar y pensar, que hemos dejado nuestra integridad en manos de alguien que ha sabido cuidarla y que ha presenciado (igual que una) lo más profundo de nuestra intimidad, además de que compartió la suya.

Tomar la decisión una y mil veces en la vida. Elegir cuidadosamente al compañero. Darle los peros y los porqués para que todo salga lo mejor posible. Alguna que otra advertencia, y alguna que otra cosita a la buena de dios. Sobretodo, evidenciar la absoluta necesidad de ser cuidada en todos los sentidos existentes. Y la necesidad implícita de cuidar el cuerpo del otro, de quererlo y conocerlo hasta lo más sutil, hasta el menos vistoso de los huequitos.

Y lo explícito, lo sexual, lo conocido y visto por todos en todos lados, queda al margen cuando hablamos del contacto y del tacto. El sexo significa una cosa que a veces ni ocurre en este accionar que cuento. Entonces resulta fascinante, e inexplicablemente satisfactorio, despertarse al lado suyo y saber si ronca, patea, se acurruca o se despatarra, habla o se ríe.

Y después se dice Buen Día.

jueves, 27 de enero de 2011

Lo importante es eso, Luciano

A veces me duele, a veces me pesa, a veces no lo entiendo, a veces me enfurece, a veces me da una cosita de alegría triste y tristeza alegre. Y a veces pienso y pienso... y no sé qué carajo pensar ya.

Sólo te puedo decir, donde quiera que estés, que ya van dos años sin que los tuyos te vean sonreír más que en fotos... y eso, a todos, debería provocarles una inquietud, bastante inquieta. Me duele haber entrado en este círculo tan valioso en una situación como esta, me duele pensar que jamás hubiese sabido de tu existencia de otra forma (tal vez sí). Me duele saber que te merecías otra cosa y saber quién sos cuando ya no puedo saber quién sos.

Tu hermana, tu mamá, los hermanos menores, los más enanitos del barrio, las madres de la plaza, los amigos nuevos y los viejos, periodistas, abogados, militantes. ¿Sabés que todos te conocen, verdad? Y lo importante de eso, Luciano, es que hoy tu corazón está latiendo en el nuestro, lo importante, Lu (hasta te digo Lu, porque te siento tan cerca... si supieras cuánto), es que todos y cada uno de nosotros es responsable de no olvidarte. Y más aún, de recordarte todos los días, de mantenerte vivo, de enorgullecerte porque estamos orgullosos de vos, de hacer de la llamita que fuiste cuando se aprovecharon de vos, una llamarada que no pase desapercibida; que sea sostenida por nuestro sudor, sí, pero sobre todas las cosas por tu valentía, por tu maravillosa sonrisa, esa que contagiás hasta en las fotos, que sea sostenida por los sueños que tuviste y las responsabilidades que asumiste siendo tan pibe, que no tenías por qué. Que ellos no tenían derecho, carajo...

La conmoción que me genera pensar en estos dos años, me impide hoy escribir un texto de carácter militante (por suerte). Y me permite sonreirte, desde donde estoy, hasta donde estés. Asegurarte por mí y por tantos más, que vos estás un poquito en cada uno, porque te lo merecés. Porque, como le dije una vez a la petisa, me pesó tu nombre, y no me pesó porque tenemos la misma edad, ni porque vivimos cerca. Me pesó por las diferencias, por las necesidades, que no tenían ni puta que ver, y hoy diría que son las mismas.

Lu, como dice Mónica, debés estar mirándonos y riéndote de lo que generaste, de lo mucho que nos cuidás, de lo mucho que te hablamos en acciones y en palabras. Espero que sea así, me gustaría que sea así. Sos lo que creo, estás acá y por vos es mucho de mi vida, sentirte cerca para mí es la seguridad de tenerte cerca. Y también debería pedirte perdón. Y acá me vuelvo a tomar el atrevimiento de hablarte por mí y por otros... porque no te cuidamos a tiempo, pedirte perdón en carácter de piba, pedirte perdón por los pibes y pibas que no te conocen, o no te quieren conocer, y prometerte. Prometerte eso, que no te olvido, que estás donde estemos y que sos uno de los infaltables, desde hace dos años y para siempre, dentro de mí.

Y gracias, por enseñarme tanto, enseñarme todo, darme aliento para conocerte, regalarme esa sonrisa que parece que dice como que pasá, que sos bienvenida, que podés entrar en mi mundo, que faltan cosas pero, carajo, que sobra amor. Carajo que en esta familia cuando hay que estar se está, y no se falla. Gracias por mostrarme tu casa, tu mamá, tu hermana, tu barrio, tu gente, gracias por compartirlos, por cuidarlos, por dejarte cuidar y hacerte escuchar en nuestra voz y en tu risita corrompida; en tu foto con guardapolvo, esa es la que más me gusta. Porque esa foto es vos, es tu historia y lo que te merecés, es la única responsabilidad que te correspondía a tu edad, y es la que tuviste que resignar, para ocuparte de otras cosas, y defenderte de otras. Y así y todo, con lo que costó, esa foto me demuestra una y mil veces que, atorrante y simpático como te pintan, en ese espacio querías estar porque sabías que -mal que mal- te pertenecía. Sabías que si tu hermana quería que estuvieras en la escuela, eso significaba sin pensarlo dos veces, que era el mejor lugar en el que podías estar. Y entonces, aunque no te gusta estudiar, en la foto sos feliz porque Vanesa tiene razón. Porque Vanesa quiere que seas feliz, y si alguna vez lo dudaste, acá la tenés.

Igualita a vos, con esa risita también corrompida, con algunos años más pero la misma fortaleza, la misma valentía, la misma alegría para defenderse. Porque es sensata y sabe que nuestra alegría es su debilidad. Y sabe también, como vos y yo, que justicia acá o allá, justicia legal o popular, lo importante es la seguridad de que no te fallamos, y que somos concientes de que ahí; esos cosos que no tienen una palabra que los defina, porque no se puede explicar su cobardía, su falta de inteligencia, su manipulación compulsiva, su, su, su... Esos que decía, ya están tras las rejas, ya les pesa, ya les cuesta, ya están ahogados. Porque lo que va vuelve, y no hay vuelta atrás. Eso, todo eso, lo sabremos todos, pero ella nos lo enseñó.





31-1-11 Dos años sin Luciano Arruga