domingo, 6 de mayo de 2012

Aclarando el panorama

Una pasa por momentos en los que se replantea quién es, en todos los sentidos. Cosa parecida a una crisis, pero no es del todo eso. Es una revisión de algunos principios, simbolismos, prioridades, afectos, definiciones, caracterizaciones, dificultades, virtudes, tácticas y estrategias que componen todo lo que somos.

Es preguntarse y responderse por cada una de esas cosas y encontrar la forma de que convivan juntas en un mar de contradicciones. Porque bien sabemos que vivir es eso, es la discusión misma, es una relación dialéctica entre los miles de factores que nos componen.

Este momento, este 'punto de inflexión', es también la búsqueda de nuevos elementos que sirvan para hacernos mejores, más 'acabadxs'.

Este momento no avisa cuando llega, tampoco hay base teórica que permita abordarlo. Se trata más bien de una sucesión de señales de alerta, que puede ser una sola si tenemos suerte y lo percibimos a tiempo, pero que casi nunca es una sola. Señales diversas que son cada vez más intensas. Pero hay personas que las reciben durante años y no se replantean nada.

¿Qué implica todo esto? Implica recordarse a una misma para qué hace lo que hace, por qué está con quien está, qué hizo de un tiempo a esta parte para cambiar lo que está mal, qué piensa hacer de ahora en más, para qué sirven los aportes en tal lugar, por qué dejar aquello, por qué retomar lo otro, por qué empezar lo de más allá, etc.

Es algo similar al famoso "balance y proyección" de la militancia, pero personal. No puede escribirse o sistematizarse y no tiene un determinado tiempo de duración porque eso depende de cuánto se transforme y cuánto orgullosamente se reafirme.

Es complejo, muchas veces repercute para mal en el estado de ánimo porque genera "confusiones" que complican la vida cotidiana. No porque sean negativas o eternas, sino porque son eso, confusiones, incertidumbres.

Hablaba de mí, porque las confusiones y la inestabilidad a mí me generan inseguridades nada agradables, pero bueno, necesarias.

Atravieso ese momento, afecta mi estado de ánimo. Sin embargo, me siento algo feliz por ver cuánto de todo lo que se pone en juego deseo que perdure.

lunes, 16 de abril de 2012

Fragmento del libro Detrás de Luciano




Fragmento del libro Detrás de Luciano de Damián Piraino, integrante
de Familiares y Amigxs de Luciano Arruga y uno de los abogados de la causa.

(...)
CUANDO LA SANGRE SE HACE
MIEL
-¿Dónde hay un poco de sol?- me preguntó Luciano.
Fuimos entonces hasta la plaza aprovechando la hora de descanso en nuestra jornada laboral.
Allí, tirados en el pasto, me contó acerca de su padre.
Luciano, en el año 2007, había intentado escapar de toda esta locura. Me contó que veía que en el barrio la cosa se había puesto dura, que la policía los levantaba en todo momento y que a varios pibes del barrio los habían puesto entre la espada y la pared para que trabajen para ellos.
Luciano había tenido la suficiente lucidez como para querer salir.
 Viajó a Córdoba con la promesa de parte de su padre de que tendrìa garantizados sus estudios secundarios en un colegio industrial que era lo que siempre él había querido. Hizo su maleta y se fue. Le dolía dejar a su madre que era la única que lo había criado en todos estos años y a sus hermanos que habían compartido su dignidad en la pobreza; pero más le dolía verse inminentemente en peligro.
No resultó. No voy a contar lo que me contó Luciano por respeto a su familia, pero lo cierto era que con lo único con lo que podía contar el chico en éste mundo era con su madre y sus hermanos.
Y otra vez sin escapatoria, otra vez en el barrio.
Después no digan que no quiso salir, quiso y el mundo le volvió a escupir en la cara.
Y cuando después se grito sin razón alguna que Luciano no estaba desaparecido, que estaba en Córdoba con su padre, nosotros reímos. Sabíamos que Luciano no volvería allí ni por las tapas.
Pero lo de Córdoba no fue una cuestión menor, produjo un retardo de justicia de meses, lo siguió desapareciendo, hizo que la fiscal Cejas tenga que viajar hasta allí sabiendo que no estaba para descartar la hipótesis de un par de trasnochados que ahora van a tener que explicar
Lo concreto es que el padre de Luciano lo había abandonado desde el principio y luego se había ido a vivir a Córdoba. El único contacto de acercamiento legítimo que Luciano había tenido con su padre había sido en el 2007 y había resultado catastrófico.por qué dijeron que estaba en Córdoba y sin excusarse en el “se dice que”.
Por otro lado, ¿cómo se va a ir a Córdoba alguien que esa noche le había pedido a su madre 50 centavos para ir al ciber?
Porque Luciano era el muchacho de los 50 centavos. Mientras veía que algunos chicos del barrio llevaban ya zapatillas de 400 pesos gracias al favor policial, él se subía a su carro semidescalzo a cartonear por no querer entrar. Eso es dignidad, hijos de puta. Se llevaron 70 kilos de dignidad, inocencia y alegría. ¿Y qué hacen algunos? Lo condenan. Lo llaman delincuente y montan blogs para manchar su memoria.
No lo vamos a permitir, hasta acá llegó nuestra paciencia. De ahora en adelante piénsenlo dos veces antes de hacerlo.
(...)
Para conseguir el libro: dondeestaluciano@gmail.com o lombardolaura@hotmail.com

lunes, 16 de enero de 2012

de cambios verdaderos y otras cuestiones

Otra vez me encuentro escribiendo un textito... Estuve recordando los primerísimos tiempos en estas semanas. A comienzos de 2009, cuando hacíamos una actividad por mes. Cuando cada vez que pasaba era desgarrador para la familia. Porque era reciente.

Estuve recordando la impronta de las actividades. Al principio eran casi súplicas, eran tristes, dolorosísimas, desesperadas: había esperanzas. Más adelante empezaron a ser embroncadas, escrachantes, de lucha y acción directa: queríamos cualquier tipo de justicia ya, porque caímos en la cuenta de que Luciano no iba a estar.

Fuimos procesando el dolor, si algo es bueno es que somos muy compañerxs y nos queremos con el alma. Las actividades empezaron a ser felices, empezamos a saber que Luciano está muy cerquita. Algo de todo que no me deja de sorprender es lo valioso que es este grupo. Me encantaría nombrar uno por uno, pero me van a putear. Las cosas que han resignado para acompañar a Vanesa, son lo que se dice incondicionales: la cuidan, la retan, la pelean, la quieren con el alma, a su manera, todos de distinta forma.

La dinámica de la lucha hace que una no tome real dimensión del tiempo, incluso que a veces no pueda disfrutarlo como debería. Pero tomarse un minuto y mirar para atrás... pasó mucho. Reuniones cargadísimas de gente, peleas, gritos, risas, cariños. Dibujar toda la reunión con la hija de la compañera y no escuchar nada y por ende no mandar después el informe al que me comprometí, jaja. Si hablamos de la policía o la maldita policía. Si decimos de Scioli solo o Scioli y Kirchner. Si esto o aquello interpela más a la famosa Doña Rosa. Si hay correlación de fuerzas para encarar esa medida. Si hay posibilidades de represión. Si aportan las organizaciones para los volantes. Si articulamos con tal o cual. Si amenazan a los compañeros nos reunimos de urgencia... cuántas roscas. Si habré aprendido con esa bendita coordinadora.

Los 3 años caen como un baldazo de agua helada. Este fin de año lloré como loca, cosa rara de verdad. Hay muchos sentimientos encontrados en el aire, muchas cosas nuevas, tristes, raras, qué balance.

Mi mamá ama a Borges y siempre me cuenta que él relata en las vidas de sus personajes un instante, un solo momento, en que ellos comprenden el sentido de sus vidas, descubren quiénes son, para qué y con quiénes más. Yo estoy convencida, todo lo que me pasó después de Luciano siento que es un emergente del día en que supe de su existencia. Sí, es un poquito fuerte, ya sé.


Si quieres cambio verdadero... pues, camina distinto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Lo bueno (y lo malo).

Van a ser tres años, y las palabras son siempre las mimsas. Es triste decir que duele como el día en que lo supe, porque es así. Es triste ponerme enormemente feliz por haberme rodeado de humanos y humanas tan maravillosxs, porque falta alguien.

Todo lo que pueda transmitir, duele, y no hay vuelta. Frases hechas si las hay en el espacio que pelea por vos: "qué lindo hubiera sido conocernos de otra manera". Y ahí duele, además de saber que falta uno, duele saber que jamás nos hubiéramos conocido de otra manera.

Y entonces, qué es lo bueno... una hasta se siente culpable por tener algunas alegrías. Lo bueno es que nadie se cruzó de brazos, nadie dejó de preguntar, de interpelar, conmoverse, nadie dejó de salir a la calle. Lo bueno es que, existiendo la posibilidad de que falte uno y no pase nada, las cosas pasan. Porque las hacemos pasar.

Lo bueno es que hacemos que las cosas pasen. Lo bueno es que nos duele, malo sería que no. Lo bueno es que llevemos a Luciano Arruga a donde quiera que vayamos. No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Eso es bueno

¿Lo malo? Lo malo es que Luciano Arruga fue perseguido, secuestrado, torturado y desaparecido por la policía. Lo malo es que no hay justicia.

martes, 25 de octubre de 2011

De amores

Días como este, una siente muy adentro, en la piel, en el alma, en la panza, un amor muy grande. Que sin dudas supera ampliamente lo que podamos entender con palabras. Por esto que vaya una a saber quién merece el mérito de haberle dado la oportunidad de hacer. Por ver en los ojos de las personas las ganas de concretar esto o aquello en pos de esto otro o aquello otro. Pero más aún, siento amor por lo mucho que me conmueven los ojos de una parte importante de quienes me rodean. No tengo dudas: es buen signo. Hay presente, en mi aire, un amor inconmensurable por los y las jóvenes de esta tierra.

Jóvenes que sufren todos los días los golpazos de este sistema desigual por definición. Jóvenes que cargan con mochilas inimaginables, que tienen hambre y eso es lo menos grave. Pero, por prejuicio será, una nunca jamás se hubiera pensado a sí misma capaz de recibir tanto de ellxs, ni los hubiese pensado a ellxs capaces de ofrecer tanto. Si no, más bien, lo hubiera pensado al revés, gravísimo error... No se mide, no se pesa, no se ve, pero nos regalan cosas que se sienten muy adentro y muy afuera, a flor de piel.

Será que las corridas, los momento burocráticos, la estructuración y sistematización de todo y sobre todo la institucionalización son factores que, entre otros roles, cumplen el de herramientas de la hegemonía para endurecernos todos los días un poco, y sí, nos endurecen. Pero no hay dureza que resista esto de que hablo. En gestos, cartas, comentarios, en disposiciones físicas, en los ojos del otro y la otra podemos conmovernos hasta las lágrimas, basta permitírnoslo (si usted es medio denso con eso de demostrar el cariño, como yo, verá que ni permiso se pide).

Y la cosa tiene que ser necesariamente así, hay cuervos al acecho y si una no absorve todo eso cual esponja, tarde o temprano la termina pifiando. Yo sufro muchos dolores que no me pertenecen, pero tengo esa cualidad; me permito conmoverme y sorprenderme hasta la médula con mis compañerxs, porque entiendo que la mejor y única forma de hacer las cosas, es con ellxs...

Así una se la banca con mucha pasión, sin padecer, sin endurecerse más de lo estrictamente necesario, sin colapsar, nada más simple: hay que conmoverse a cada paso, con las miradas que valen la pena.

miércoles, 19 de octubre de 2011

No duele menos, duele más

Muy poquitas cosas supe de Mariano en un año... que había ido a alguna actividad por Luciano, que estudiaba en Avellaneda, que ya luchaba en 2001, que era del PO, no sé si mucho más... que le gustaba el cine y amaba luchar por conquistar ese horizonte del que hablamos, muchxs dan testimonio de lo último con conocimiento de causa.

Se lo dije a una compañera, la fotografía de Mariano se convirtió en un símbolo que no es poca cosa ni lugar común en mí, se convirtió en un pilar de mi lucha. Por la fortaleza que transmite, la sonrisa segura, la conmoción de la mirada, la espontaneidad de la imagen, ¿no? Está como dándose vuelta para seguir con su cántico. Está como pendiente de todo... Sobre todas las cosas es pilar de mi lucha, por la suya.

Mariano es para mi uno de lxs primerxs que viene a reafirmarme aquí y ahora sin conocerme ni conocerlo, alguien de quien supe ya movilizada, ya luchando, ya sabiendo que amo este lugar como a nada en el mundo, estaba en el camino y cayó un compañero, que dolor, cuántas cosas entendí, cuántas empezaron a pesar el doble...

Eso no sólo da cuenta de mi edad, sino también de quién fue él... entendí mejor que nunca lo que vane uno/una entre todxs, y cuánto debe valer para no ser olvidadx... pero más aún, que lo valoran como se mereció y se merece.

Vi en mis compañeros y compañeras el dolor de la gran pérdida que significó Mariano, me solidarizo con ellxs y empiezo a sentirlo en carne propia, cada día más cerca, cada día más profundo, más movilizado, más en la calle.

Y una de las cosas que en principio pensé como contradicción, lo entendí porque lo siento: pasa el tiempo y no duele menos, sino más. No es contradicción, claro, son las vueltas del amor por alguien, o por algo. En mi caso, el amor que le tengo por haberme dejado huella y la bronca que da que en otrxs nadie haya dejado ninguna.

Mariano es recordado, y todo esto es mérito suyo... qué solidario habrás sido, compañero, qué valentía la tuya, qué pasión transmitís...

MARIANO FERREYRA VIVE EN CADA COMPAÑERX, Y LO VEMOS TODOS LOS DÍAS EN LA LUCHA!!

martes, 27 de septiembre de 2011

Este cuerpo es mío

Pocas cosas hay que movilizan tanto como nuestro cuerpo. Porque si cuando fuimos muy chiquit@s nos acariciarion bien el pelo, entonces será el pelo lo que nos gustará que nos acaricien de grandes. Vamos creciendo y aprendiendo y aprehendiendo el cuerpo, comenzamos a sentir vértigo por los bordes y hay rincones que empiezan a gustar más que otros porque han sido mejor tratados. Eso es aquello que se llama memoria física: no recuerdo todo el amor y las perturbaciones que sufrí, pero lo siento en el cuerpo.

Todos los cuerpos fueron, son y serán hasta el fin del patriarcado violentados o perturbados, algunos más que otros. De eso se trata no querer mostrar algunas partes, no querer sentir el tacto y juicios de valor ajenos.

Abuso recibimos cuando se mira, se toca, se pega, se viola, se habla y no quiero, cuando se dice qué hacer y cómo con mi cuerpo: que esta pierna allá y esta mano acá, que estos ojos los cerrás y que esta boca la abrís sólo para decir tal cosa. Ahora tenés hij@s, ahora no, ahora vas para ahí pero te vestís de esta manera, o no, pero bancatela en la calle.

En la adolescencia, el cuerpo suele presionar para que se haga con él lo que él quiere que se haga. Y a veces pasa algo feo, cuando el maltrato llega a un punto del que es muy difícil volver (pero se vuelve), nuestro cuerpo termina ofreciéndose enérgicamente como eso que le enseñaron a ser quienes más y peor lo recorrieron.

Ahora bien, si de algo estoy segura es de que este cuerpo, con traumas como todos los cuerpos, con lugares que fueron maltratados y -espero- aprenderé a liberar de a poco cuando alguien los cuide más de lo que sufrieron, con lugares que fueron recorridos con mucho amor, que ofrezco a quien quiero hasta donde quiero y que sé cómo cuidar en otros cuerpos: si de algo estoy segura es de que este cuerpo, carajo, es mío.