Días como este, una siente muy adentro, en la piel, en el alma, en la panza, un amor muy grande. Que sin dudas supera ampliamente lo que podamos entender con palabras. Por esto que vaya una a saber quién merece el mérito de haberle dado la oportunidad de hacer. Por ver en los ojos de las personas las ganas de concretar esto o aquello en pos de esto otro o aquello otro. Pero más aún, siento amor por lo mucho que me conmueven los ojos de una parte importante de quienes me rodean. No tengo dudas: es buen signo. Hay presente, en mi aire, un amor inconmensurable por los y las jóvenes de esta tierra.
Jóvenes que sufren todos los días los golpazos de este sistema desigual por definición. Jóvenes que cargan con mochilas inimaginables, que tienen hambre y eso es lo menos grave. Pero, por prejuicio será, una nunca jamás se hubiera pensado a sí misma capaz de recibir tanto de ellxs, ni los hubiese pensado a ellxs capaces de ofrecer tanto. Si no, más bien, lo hubiera pensado al revés, gravísimo error... No se mide, no se pesa, no se ve, pero nos regalan cosas que se sienten muy adentro y muy afuera, a flor de piel.
Será que las corridas, los momento burocráticos, la estructuración y sistematización de todo y sobre todo la institucionalización son factores que, entre otros roles, cumplen el de herramientas de la hegemonía para endurecernos todos los días un poco, y sí, nos endurecen. Pero no hay dureza que resista esto de que hablo. En gestos, cartas, comentarios, en disposiciones físicas, en los ojos del otro y la otra podemos conmovernos hasta las lágrimas, basta permitírnoslo (si usted es medio denso con eso de demostrar el cariño, como yo, verá que ni permiso se pide).
Y la cosa tiene que ser necesariamente así, hay cuervos al acecho y si una no absorve todo eso cual esponja, tarde o temprano la termina pifiando. Yo sufro muchos dolores que no me pertenecen, pero tengo esa cualidad; me permito conmoverme y sorprenderme hasta la médula con mis compañerxs, porque entiendo que la mejor y única forma de hacer las cosas, es con ellxs...
Así una se la banca con mucha pasión, sin padecer, sin endurecerse más de lo estrictamente necesario, sin colapsar, nada más simple: hay que conmoverse a cada paso, con las miradas que valen la pena.
martes, 25 de octubre de 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
No duele menos, duele más
Muy poquitas cosas supe de Mariano en un año... que había ido a alguna actividad por Luciano, que estudiaba en Avellaneda, que ya luchaba en 2001, que era del PO, no sé si mucho más... que le gustaba el cine y amaba luchar por conquistar ese horizonte del que hablamos, muchxs dan testimonio de lo último con conocimiento de causa.
Se lo dije a una compañera, la fotografía de Mariano se convirtió en un símbolo que no es poca cosa ni lugar común en mí, se convirtió en un pilar de mi lucha. Por la fortaleza que transmite, la sonrisa segura, la conmoción de la mirada, la espontaneidad de la imagen, ¿no? Está como dándose vuelta para seguir con su cántico. Está como pendiente de todo... Sobre todas las cosas es pilar de mi lucha, por la suya.
Mariano es para mi uno de lxs primerxs que viene a reafirmarme aquí y ahora sin conocerme ni conocerlo, alguien de quien supe ya movilizada, ya luchando, ya sabiendo que amo este lugar como a nada en el mundo, estaba en el camino y cayó un compañero, que dolor, cuántas cosas entendí, cuántas empezaron a pesar el doble...
Eso no sólo da cuenta de mi edad, sino también de quién fue él... entendí mejor que nunca lo que vane uno/una entre todxs, y cuánto debe valer para no ser olvidadx... pero más aún, que lo valoran como se mereció y se merece.
Vi en mis compañeros y compañeras el dolor de la gran pérdida que significó Mariano, me solidarizo con ellxs y empiezo a sentirlo en carne propia, cada día más cerca, cada día más profundo, más movilizado, más en la calle.
Y una de las cosas que en principio pensé como contradicción, lo entendí porque lo siento: pasa el tiempo y no duele menos, sino más. No es contradicción, claro, son las vueltas del amor por alguien, o por algo. En mi caso, el amor que le tengo por haberme dejado huella y la bronca que da que en otrxs nadie haya dejado ninguna.
Mariano es recordado, y todo esto es mérito suyo... qué solidario habrás sido, compañero, qué valentía la tuya, qué pasión transmitís...
MARIANO FERREYRA VIVE EN CADA COMPAÑERX, Y LO VEMOS TODOS LOS DÍAS EN LA LUCHA!!
Se lo dije a una compañera, la fotografía de Mariano se convirtió en un símbolo que no es poca cosa ni lugar común en mí, se convirtió en un pilar de mi lucha. Por la fortaleza que transmite, la sonrisa segura, la conmoción de la mirada, la espontaneidad de la imagen, ¿no? Está como dándose vuelta para seguir con su cántico. Está como pendiente de todo... Sobre todas las cosas es pilar de mi lucha, por la suya.
Mariano es para mi uno de lxs primerxs que viene a reafirmarme aquí y ahora sin conocerme ni conocerlo, alguien de quien supe ya movilizada, ya luchando, ya sabiendo que amo este lugar como a nada en el mundo, estaba en el camino y cayó un compañero, que dolor, cuántas cosas entendí, cuántas empezaron a pesar el doble...
Eso no sólo da cuenta de mi edad, sino también de quién fue él... entendí mejor que nunca lo que vane uno/una entre todxs, y cuánto debe valer para no ser olvidadx... pero más aún, que lo valoran como se mereció y se merece.
Vi en mis compañeros y compañeras el dolor de la gran pérdida que significó Mariano, me solidarizo con ellxs y empiezo a sentirlo en carne propia, cada día más cerca, cada día más profundo, más movilizado, más en la calle.
Y una de las cosas que en principio pensé como contradicción, lo entendí porque lo siento: pasa el tiempo y no duele menos, sino más. No es contradicción, claro, son las vueltas del amor por alguien, o por algo. En mi caso, el amor que le tengo por haberme dejado huella y la bronca que da que en otrxs nadie haya dejado ninguna.
Mariano es recordado, y todo esto es mérito suyo... qué solidario habrás sido, compañero, qué valentía la tuya, qué pasión transmitís...
MARIANO FERREYRA VIVE EN CADA COMPAÑERX, Y LO VEMOS TODOS LOS DÍAS EN LA LUCHA!!
martes, 27 de septiembre de 2011
Este cuerpo es mío
Pocas cosas hay que movilizan tanto como nuestro cuerpo. Porque si cuando fuimos muy chiquit@s nos acariciarion bien el pelo, entonces será el pelo lo que nos gustará que nos acaricien de grandes. Vamos creciendo y aprendiendo y aprehendiendo el cuerpo, comenzamos a sentir vértigo por los bordes y hay rincones que empiezan a gustar más que otros porque han sido mejor tratados. Eso es aquello que se llama memoria física: no recuerdo todo el amor y las perturbaciones que sufrí, pero lo siento en el cuerpo.
Todos los cuerpos fueron, son y serán hasta el fin del patriarcado violentados o perturbados, algunos más que otros. De eso se trata no querer mostrar algunas partes, no querer sentir el tacto y juicios de valor ajenos.
Abuso recibimos cuando se mira, se toca, se pega, se viola, se habla y no quiero, cuando se dice qué hacer y cómo con mi cuerpo: que esta pierna allá y esta mano acá, que estos ojos los cerrás y que esta boca la abrís sólo para decir tal cosa. Ahora tenés hij@s, ahora no, ahora vas para ahí pero te vestís de esta manera, o no, pero bancatela en la calle.
En la adolescencia, el cuerpo suele presionar para que se haga con él lo que él quiere que se haga. Y a veces pasa algo feo, cuando el maltrato llega a un punto del que es muy difícil volver (pero se vuelve), nuestro cuerpo termina ofreciéndose enérgicamente como eso que le enseñaron a ser quienes más y peor lo recorrieron.
Ahora bien, si de algo estoy segura es de que este cuerpo, con traumas como todos los cuerpos, con lugares que fueron maltratados y -espero- aprenderé a liberar de a poco cuando alguien los cuide más de lo que sufrieron, con lugares que fueron recorridos con mucho amor, que ofrezco a quien quiero hasta donde quiero y que sé cómo cuidar en otros cuerpos: si de algo estoy segura es de que este cuerpo, carajo, es mío.
Todos los cuerpos fueron, son y serán hasta el fin del patriarcado violentados o perturbados, algunos más que otros. De eso se trata no querer mostrar algunas partes, no querer sentir el tacto y juicios de valor ajenos.
Abuso recibimos cuando se mira, se toca, se pega, se viola, se habla y no quiero, cuando se dice qué hacer y cómo con mi cuerpo: que esta pierna allá y esta mano acá, que estos ojos los cerrás y que esta boca la abrís sólo para decir tal cosa. Ahora tenés hij@s, ahora no, ahora vas para ahí pero te vestís de esta manera, o no, pero bancatela en la calle.
En la adolescencia, el cuerpo suele presionar para que se haga con él lo que él quiere que se haga. Y a veces pasa algo feo, cuando el maltrato llega a un punto del que es muy difícil volver (pero se vuelve), nuestro cuerpo termina ofreciéndose enérgicamente como eso que le enseñaron a ser quienes más y peor lo recorrieron.
Ahora bien, si de algo estoy segura es de que este cuerpo, con traumas como todos los cuerpos, con lugares que fueron maltratados y -espero- aprenderé a liberar de a poco cuando alguien los cuide más de lo que sufrieron, con lugares que fueron recorridos con mucho amor, que ofrezco a quien quiero hasta donde quiero y que sé cómo cuidar en otros cuerpos: si de algo estoy segura es de que este cuerpo, carajo, es mío.
lunes, 4 de julio de 2011
Aborto libre, legal, seguro y gratuito

Una vez más hablando del aborto me siento redundante, y sin embargo no me aburre. No me aburre porque son 500.000 las mujeres que por año se hacen un aborto, y son 500 las que por año mueren por abortos mal hechos. No me aburre porque conozco decenas de chicas que abortaron, que han sufrido la criminalización que sufre quien aborta y porque muchos varones y mujeres también la han sufrido en esa difícil tarea que es acompañar en su decisión a la/s mujere/s que aman.
No me aburre, porque pienso en lxs miles de mujeres y varones que criminalizan a quien aborta, sin comprender la dimensión que tiene una decisión tomada en tiempo y espacio, en contexto, en un sitio donde se sufre, en una vida que nos tocó vivir, que no elegimos, en una vida que ese niño o esa niña (aún sin serlo) no podrá vivir si no es renegando de su existencia, porque su mamá sufrió la suya propia en algún momento.
No me aburre pensar en que usted, señor, señora, deberá hacer un gran ejercicio de reflexión y familiarización con la lucha por la legalización para comprender que no saldremos corriendo las mujeres a abortar, que no dejaremos de usar anticonceptivos y tampoco lo haremos por deporte. Porque el aborto no nos gusta, porque el aborto no está bien, pero sepa usted, también, que no merecemos que nadie disponga sobre nuestros cuerpos, sepa que no merecemos que nadie elija cuándo, cómo ni con quién tenemos hijxs, más que nosotras mismas. Porque tampoco lo merecen nuestrxs hijxs.
Sepan que el debate que se viene no es poca cosa, sepan que la legalización del aborto no lo es, que la apropiación de esa legalización por parte de esta sociedad tampoco lo es. Sepan que no estamos preparadxs, y no lo estaremos nunca, porque el aborto no es nuestra lucha, nuestra lucha es la legalización.
Nuestro cuerpo no es mercancía, el de ustedes -sí, ustedes- tampoco. Y esa maravillosa consigna será verdad cuando dejemos de pagar por los cuerpos (en las publicidades, en la trata de personas, en la prostitución, en los empleos sexistas, y en todas las formas de violencia en las que una persona deja de ser eso, persona). Cada vez que alguien paga por ver el cuerpo de una mujer que no quiere ser vista, por tocarlo, usarlo, por maltratarlo, cada vez que pasa eso, hay alguien que está pagando también por ver mi cuerpo. Que lo está canjeando por otra cosa. Porque en eso me convierto, en una cosa.
Yo elijo cómo, cuándo y con quién me acuesto, quién me toca y quién es papá de mis hijos porque me gustan los varones. También puedo elegir quién es la mamá, también puedo y merezco elegir un montón de otras cosas más. También tengo derecho a elegir que quién sea mi compañero por mucho o poco tiempo, me trate bien.
Porque elijo sobre mi cuerpo, porque mi cuerpo es mío.
sábado, 11 de junio de 2011
Algún día llegará el después de esta lucha.
Se cierra un destacamento, se abre un centro social y cultural en su lugar. Largas, dolorosas y orgullosas reuniones de Familiares y Amigos diciendo lo que a cada unx le genera, lo movilizador que va a ser para nosotrxs militar ahí. Personas que nunca nos imaginamos militando esta causa, que sólo tenemos una vaga idea de lo que va a ser estar, y mucho más vaga de cómo transformar ese espacio para evitar la carga simbólica y energética espantosa que tiene.
Y precisamente porque la veíamos una conquista tan lejana, es que hoy estamos dando pasitos. Uno a uno. Tomándonos el tiempo que nos quitan la sorpresa, la conmoción, la tristeza y la injusticia. Y aprovechando el tiempo que nos da la alegría de esta victoria. Hoy tenemos conciencia de lo responsables que somos de esto. De que lo fuimos desde el primer día. Y esa consigna, la del cierre, nos parece TAN lejana...
Entonces, nuestra lucha ahora se divide en dos partes. Porque hay una de las tres consignas principales que en breve estaremos quitando de la lista. Ahora exigimos Aparición con Vida y Juicio y Castigo a los culpables. Que no es cosa menor. Pero tampoco es cosa menor que cerremos el destacamento. Va a ser duro, va a doler, y vamos a llorar porque ahí todxs perdimos un hermano, y ahí mismo vamos a recuperar otrxs tantxs. Estamos segurxs de que el tiempo que nos queda es mucho, de que somos jóvenes y vamos a vivir el después de esta lucha.
Algún día llegará el después de esta lucha, porque si no creyéramos fervientemente eso, esta lucha no existiría.
Y precisamente porque la veíamos una conquista tan lejana, es que hoy estamos dando pasitos. Uno a uno. Tomándonos el tiempo que nos quitan la sorpresa, la conmoción, la tristeza y la injusticia. Y aprovechando el tiempo que nos da la alegría de esta victoria. Hoy tenemos conciencia de lo responsables que somos de esto. De que lo fuimos desde el primer día. Y esa consigna, la del cierre, nos parece TAN lejana...
Entonces, nuestra lucha ahora se divide en dos partes. Porque hay una de las tres consignas principales que en breve estaremos quitando de la lista. Ahora exigimos Aparición con Vida y Juicio y Castigo a los culpables. Que no es cosa menor. Pero tampoco es cosa menor que cerremos el destacamento. Va a ser duro, va a doler, y vamos a llorar porque ahí todxs perdimos un hermano, y ahí mismo vamos a recuperar otrxs tantxs. Estamos segurxs de que el tiempo que nos queda es mucho, de que somos jóvenes y vamos a vivir el después de esta lucha.
Algún día llegará el después de esta lucha, porque si no creyéramos fervientemente eso, esta lucha no existiría.
jueves, 26 de mayo de 2011
Luciano no está
Luciano no está. Es ese fulanito del que hablamos precisamente cuando hablamos de nadie. Es ese al que elegimos decirle de todo porque sabemos que no se puede defender. Es ese al que elegimos tratar como a otro por respeto a que no se puede defender. Es uno menos, y uno más.
Luciano es ese muchachito que moviliza todo lo que ponemos en marcha. Es quien no nos deja solos y a quien decidimos no dejar solo en ésta. Luciano es ese pibe.
Luciano es el de la calcomanía, ese atorrante. Ese adolescente que no tiene derecho a réplica ante tanto hijo de puta. Y el derecho que no tiene nos lo atribuimos -en la medida de lo posible- nosotros, los que respondemos por él.
Luciano es también un nenito, nada de otro. Un nenito que bajo ningún concepto pudo ser otro. Porque esos nenitos, derecho a eso, tampoco tienen.
Pero Luciano no tiene derecho a réplica por no estar. Y tampoco tuvo derecho a réplica cuando estuvo. Por ser Luciano y no ser otro. Por no tener derecho a ser otro no tuvo derecho a réplica. Y Luciano, el que no es otro por no tener derecho, se atribuyó un derecho que no le correspondía a un Luciano, y replicó. Y así, dicen que la pifió.
Este Luciano que te digo, se cagó en los no derechos de ser un Luciano, por saber que todo lo dicho hasta ahora está mal. Y también se ganó el papel de Luciano, porque Luciano no es cualquiera, no es otro.
Luciano Arruga es otro más, y uno menos.
Y se cierra el destacamento donde a Luciano le dijeron cuáles eran sus no derechos. Los que respondemos por él estamos más tranquilos.
Luciano es ese muchachito que moviliza todo lo que ponemos en marcha. Es quien no nos deja solos y a quien decidimos no dejar solo en ésta. Luciano es ese pibe.
Luciano es el de la calcomanía, ese atorrante. Ese adolescente que no tiene derecho a réplica ante tanto hijo de puta. Y el derecho que no tiene nos lo atribuimos -en la medida de lo posible- nosotros, los que respondemos por él.
Luciano es también un nenito, nada de otro. Un nenito que bajo ningún concepto pudo ser otro. Porque esos nenitos, derecho a eso, tampoco tienen.
Pero Luciano no tiene derecho a réplica por no estar. Y tampoco tuvo derecho a réplica cuando estuvo. Por ser Luciano y no ser otro. Por no tener derecho a ser otro no tuvo derecho a réplica. Y Luciano, el que no es otro por no tener derecho, se atribuyó un derecho que no le correspondía a un Luciano, y replicó. Y así, dicen que la pifió.
Este Luciano que te digo, se cagó en los no derechos de ser un Luciano, por saber que todo lo dicho hasta ahora está mal. Y también se ganó el papel de Luciano, porque Luciano no es cualquiera, no es otro.
Luciano Arruga es otro más, y uno menos.
Y se cierra el destacamento donde a Luciano le dijeron cuáles eran sus no derechos. Los que respondemos por él estamos más tranquilos.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Hay que disfrazar los motivos
Resulta que algunas veces no hay qué escribir, o sí hay, pero es indesmenuzable. Cuando tengo ideas indesmenuzables me desespero imaginándome lapicera en mano escribiendo vaya uno a saber qué, o escribo frases sin sentido, e inclusive usted podrá seguir mi rastro por la casa si busca los papelitos en los que repito mil veces mi nombre o firma mientras espero que se cargue una página en la PC, desayuno o me tomo un recreo del estudio. Todo eso porque no sé qué escribir.
La sensación de no saber qué escribir es similar a aquella que tenemos a veces de querer llorar sin estar tristes, o de estar tristes y no querer llorar. Hay algo que falta, y otro algo que -sabemos- está en la cabeza, pero puede que sea difícil. También suelen cruzarse palabras aisladas que deberían dar cuenta de algo, pero no son suficientes.
Sin embargo, conozco algunos motivos de mis preocupaciones, tristezas y alegrías, sólo que todavía no encontré las palabras para disfrazarlos y hacerlos publicables.
Y al fin me salió un texto
La sensación de no saber qué escribir es similar a aquella que tenemos a veces de querer llorar sin estar tristes, o de estar tristes y no querer llorar. Hay algo que falta, y otro algo que -sabemos- está en la cabeza, pero puede que sea difícil. También suelen cruzarse palabras aisladas que deberían dar cuenta de algo, pero no son suficientes.
Sin embargo, conozco algunos motivos de mis preocupaciones, tristezas y alegrías, sólo que todavía no encontré las palabras para disfrazarlos y hacerlos publicables.
Y al fin me salió un texto
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